14/11/2009

HOLA JOVENES. AQUÍ ENCONTRARAN TODO EL MATERIAL NECESARIO PARA ESTUDIAR: DOCUMENTOS, VIDEOS, TEMAS PARA REALIZAR LOS TALLERES. TENGAN EN CUANTA:
1. Estén muy atentos, lean bien los textos buscando apropiarse de ellos, más que memorizar datos, busquen comprender lo que leen, y eso solo se logra leyendo bien.
2. En el siguiente cuadro se describen los nombres y los indicadores que deben.
3. Los que deban indicadores los encontrarán marcados con un ASTERISCO (*), los que además tengan una (R), quiere decir que ya recuperaron ese indicador. Los alumnos que ya me adelantaron trabajos o proyectos, como videos, diapositivas etc., pero no tienen la (R), quiere decir dicho trabajo no les alcanzo para la recuperación, y nos vemos entonces en la fecha indicada.
4. Debajo del cuadro encontrarán el material para cada indicador y lo que hay que hacer.
5. TENGAN EN CUENTA SUS APUNTES DE CLASE
6. CADA INDICADOR EXIGE UN TRABAJO QUE DEBE SER ENVIADO ENVIADO ANTERIORMENTE, EL CUAL VALE EL 40% DE LA NOTA.

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INDICADOR 3.1.

3.1. EXAMEN DEL SIGUIENTE MATERIAL Y VIDEO:

1. Naturaleza de la DSI y la Persona humana: imagen de Dios y múltiples dimensiones.

1º.- La naturaleza de la doctrina social de la Iglesia:
La DSI es un conocimiento iluminado por la fe. La DSI se ha ido formando con el paso del tiempo, se sigue formando, con las intervenciones del Magisterio sobre temas sociales; pertenece al campo de la Teología Moral. Es la cuidadosa formulación del resultado de una atenta reflexión sobre las complejas realidades de la vida del hombre en la sociedad y en el contexto internacional, a la luz de la fe y de la tradición eclesial. Su objeto es contrastar esas realidades con lo que enseña el Evangelio acerca del hombre, para orientar la conducta cristiana. El fundamento de la DSI está en la Revelación y en la Tradición de la Iglesia.
En diálogo cordial con la razón y con otros saberes. La DSI se sirve de otros saberes, tienen una dimensión interdisciplinar. Es esencial el aporte de la filosofía, para definir conceptos básicos (persona, sociedad, libertad, conciencia, ética, derecho, justicia, bien común, solidaridad, subsidiariedad, Estado...); también recibe conocimientos de las ciencias humanas y sociales.
La DSI es expresión del ministerio de la enseñanza de la Iglesia. Es “de la Iglesia”, pues ella la elabora, la difunde y la enseña... es obra del Magisterio, que enseña con la autoridad que Cristo ha conferido a los Apóstoles y a sus sucesores: El Papa y los obispos en comunión con él. En cuanto parte de la doctrina moral de la Iglesia, la doctrina social reviste la misma dignidad y tiene la misma autoridad de tal enseñanza. Es magisterio auténtico, que exige la aceptación y adhesión de los fieles.
Hacia una sociedad reconciliada en la justicia y el amor. El objeto de la DSI es el hombre, llamado a la salvación y confiado a la Iglesia. En la sociedad están en juego la dignidad y los derechos de la persona y la paz entre las relaciones de las personas y entre las comunidades; por eso la DSI tiene una tarea de anuncio y de denuncia. Anuncio de una visión global del hombre y de la humanidad. La Iglesia no persigue organizar la sociedad, sino formar las conciencias. Denuncia pues el pecado de injusticia y violencia afecta a la sociedad. Por eso la finalidad de la DSI es religiosa y moral. Religiosa, pues quiere llegar a la persona en la verdad de su existencia. Moral porque la Iglesia mira hacia un humanismo pleno.
Un mensaje para los hijos de la Iglesia y de la humanidad. La primera destinataria de la DSI es la comunidad eclesial en todos sus miembros, pues todos tienen responsabilidades que asumir: obligaciones políticas, económicas, administrativas..., es decir, de naturaleza secular, que pertenecen a los fieles laicos, no a los sacerdotes ni a los religiosos. También está destinada a todos los hombres de buena voluntad.
Bajo el signo de continuidad y renovación. Continuidad con los valores (inspiración de fondo, principios de reflexión, directrices de acción, unión vital con el Evangelio) que se derivan de la Revelación y de la naturaleza humana. Renovación por su constante atención a la historia y a la variación de las condiciones que surgen. (Incluso el dogma ‘evoluciona’).
2º.- La persona humana “imago Dei”.
La Iglesia ve en el hombre, en cada persona, la imagen de Dios mismo. Esta persona es inconfundible protagonista de la vida social. La sociedad humana se concibe por las personas y para ellas, por ello es objeto de la enseñanza de la Iglesia, que afirma su inviolable dignidad.

Criatura e imagen de Dios. El mensaje principal de la Sagrada Escritura anuncia que la persona humana es criatura de Dios, caracterizada por ser imagen de Dios; por lo que la esencia y existencia del ser humano están constitutivamente relacionadas con Dios del modo más profundo. El hombre está religado con Dios y, por eso, es “capaz” de Dios. Esta religación se refleja en la dimensión relacional y social de la naturaleza humana. Se refleja en la relación entre los sexos: El hombre y la mujer tienen la misma dignidad, su reciprocidad es imagen de Dios. El hombre y la mujer tiene la responsabilidad de dominar el mundo. Se refleja en la relación del hombre consigo mismo: su corazón indica sus facultades: razón, discernimiento del bien y del mal, voluntad libre.
El drama del pecado. La admirable visión de la creación del hombre por parte de Dios es inseparable del dramático cuadro del pecado de los orígenes, “por un solo hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte” (Rom 5, 12). Este pecado afecta a la naturaleza humana, que queda privada de la santidad y justicia originales. Se transmite por propagación. Una doble herida (consigo y con el prójimo), a la que llamamos pecado: personal y social. El pecado es siempre un acto de la persona, que repercute en cierta manera en los demás. Los pecados que son una agresión directa al prójimo se califican como pecados sociales: contra la justicia, contra los derechos de la persona, contra la libertad de los demás, contra la dignidad y el honor del prójimo, contra el bien común... (poner ejemplos). Las consecuencias del pecado alimentan las estructuras de pecado que hoy parecen ser dos: el afán de ganancia exclusiva y la sed de poder.
Universalidad del pecado y universalidad de la salvación. Esta doctrina del pecado, propagado a todos, no debe olvidar la universalidad de la salvación en Jesucristo, que ha destruido el pecado y la muerte. Realistas ante el mal del mundo, pero con esperanza en la salvación. La salvación no nos es extraña, como un suplemento a nuestro ser, sino que se inserta es esa religación esencial del ser humano con Dios, por ser imagen y semejanza de Él. Esperanza de salvación para el ser humano y para toda la Creación.
3º.- La persona humana y sus múltiples dimensiones.
La doctrina social de la Iglesia se detiene, ante todo, en los aspectos principales e inseparables de la persona humana para captar las facetas más importantes de su misterio y de su dignidad. La persona no debe considerarse con individuo absoluto, por sí y para sí mismo; tampoco como mera célula de un organismo que le reconoce como parte del sistema.
La unidad de la persona. Creado por Dios como unidad de cuerpo y de alma. La persona (incluido el cuerpo) es el sujeto de los actos morales. No está bien despreciar el cuerpo (como si fuera una prisión), ni dejarse esclavizar por él y por una visión terrena de la vida. El ser humano es material y trascendente.
Apertura a la trascendencia y unicidad de la persona:
q Abierta a la trascendencia. El ser humano está abierto al infinito y a todos los seres creados.
q Único e irrepetible. El ser humano existe como ser único e irrepetible, existe como un “yo” capaz de auto-comprenderse (inteligencia), auto-poseerse (libertad) y auto-determinarse (conciencia); es un ser irrepetible y singular.
q El respeto de la dignidad humana. Una sociedad justa puede ser realizada solamente en el respeto a la unidad trascendente de la persona humana. Los auténticos cambios sociales son efectivos y duraderos sólo si están fundados sobre un cambio decidido de la conducta personal.
La libertad de la persona:
q Valor y límites de la libertad. El hombre puede dirigirse hacia el bien sólo en la libertad que Dios le ha dado, así asume su responsabilidad. La libertad no se opone a la dependencia creatural del hombre respecto a Dios. Sólo Dios determina el bien y el mal, no la libertad del ser humano, que está llamado a aceptar la ley moral que Dios le da. La libertad del hombre encuentra su plena realización en esta aceptación; cuando se parta de esta ley, se encadena a sí mismo. El ejercicio de la libertad exigen determinadas condiciones de orden económico, social, jurídico, político y cultural, que son con demasiada frecuencia, desconocidas y violadas.
q El vínculo de la libertad con la verdad y la ley natural. En el ejercicio de la libertad, el hombre realiza actos moralmente buenos, que edifican su persona y la sociedad, cuando obedece a la verdad, es decir, cuando no pretende ser creador y dueño absoluto de ésta y de las normas éticas. La verdad sobre el bien y el mal se reconoce en modo práctico y concreto en el juicio de la conciencia, que lleva a sumir la responsabilidad del bien o el mal hechos. El ejercicio de la libertad implica la referencia a una ley moral natural, que no es otra cosa que la luz de la inteligencia infundida en nosotros por Dios. Gracias a ella conocemos lo que se debe hacer y lo que se debe evitar. Esta ley es universal (pone principio comunes en la diversidad de culturas), inmutable; así se permite una comunión real y duradera en la verdad y el bien.
q La igual dignidad de todas las personas. Dios no hace acepción de personas; todo tenemos la misma dignidad, independientemente de la raza, nación, sexo, origen, minusvalías, cultura y clase. Sólo el reconocimiento de la dignidad humana, por parte de toda la humanidad, hace posible el crecimiento común y personal de todos. El hombre y la mujer son iguales en dignidad, aunque sean seres diversos (masculino y femenino); esta diversidad enriquece en armonía la convivencia humana. El hombre y la mujer se complementan a nivel físico, psíquico y ontológico; a ellos les concede Dios la construcción misma de la historia.
q La sociabilidad humana. La persona es constitutivamente un ser social; la vida comunitaria es una característica que distingue al hombre del resto de las criaturas. La sociabilidad humana no comporta automáticamente la comunión de las personas, el don de sí, pues interviene el pecado. La sociabilidad humana tiene múltiples expresiones: familia, comunidad civil, comunidad religiosa...

CUESTIONES DE REPASO:
1º.- ¿Qué quiere decir que la DSI es parte de la Teología Moral?
2º.- ¿Puede hablar la Iglesia de cuestiones sociales? ¿Qué validez tiene esta doctrina para los fieles?
3º.- ¿Qué quiere decir que la DSI es para que la lleven a la sociedad los laicos?
4º.- ¿Qué quiere decir que el ser humano está constitutivamente religado a Dios?
5º.- ¿Qué es el pecado social y las estructuras de pecado?
6º.- ¿Se puede ser libre sin aceptar la ley moral de Dios?
7º.- ¿Qué diferencias hay entre hombre y mujer que no rompan su igual dignidad?

2. Los principios de la Doctrina Social de la Iglesia.

1.- Significado y unidad:
Los principios permanentes de la DSI constituyen los verdaderos y propios puntos de apoyo de la enseñanza social católica: la dignidad de la persona humana, el bien común (el destino universal de los bienes), la subsidiariedad (la participación) y la solidaridad. Estos principios brotan del encuentro del mensaje evangélico y de sus exigencias con los problemas que surgen de la vida de la sociedad. Tienen un carácter general y fundamental, ya que se refieren a la realidad social en su conjunto. Por su permanencia en el tiempo y universalidad de significado, la Iglesia los señala como el primer y fundamental parámetro de referencia para la interpretación y la valoración de los fenómenos sociales. Los principios de la DSI deben ser apreciados en su unidad, conexión y articulación. Estos principios tienen un significado profundamente moral porque remiten a los fundamentos últimos y ordenadores de la vida social.

2.- El principio del Bien Común:
Significado y aplicaciones principales. De la dignidad, unidad e igualdad de las personas deriva, en primer lugar, el principio del bien común, al que debe referirse todo aspecto de la vida social para encontrar plenitud de sentido. Bien Común es el conjunto de condiciones de la vida social que hacen posible a las asociaciones y a cada uno de sus miembros el logro más pleno y más fácil de la propio perfección. No consiste en la simple suma de los bienes particulares de cada sujeto del cuerpo social. Una sociedad que, en todos sus niveles, quiere estar al servicio del ser humano es aquella que se propone como meta prioritaria el bien común, en cuanto bien de todos los hombres y de todo el hombre.
La responsabilidad de todos por el bien común. Las exigencias del bien común derivan de las condiciones sociales de cada época y están estrechamente vinculadas al respecto y a la promoción integral de la persona y de sus derechos fundamentales. El bien común es un deber de todos los miembros de la sociedad; exige la capacidad y la búsqueda constante del bien de los demás como si fuese el bien propio. Todos tenemos derecho a gozar de las condiciones de la vida social que resulta de la búsqueda de bien común. Desde aquí no se entiende las grandes diferencias entre unos pocos cargados de riquezas y una multitud de necesitados.
Las tareas de la comunidad política. La responsabilidad de edificar el bien común compete, además de las persona particulares, también al Estado, porque el bien común es la razón de ser de la autoridad política. Para asegurar el bien común, el gobierno de cada país tiene el deber específico de armonizar con justicia los diversos intereses sectoriales. Una de las funciones más delicadas del poder público es, no sólo seguir la mayorías, sino buscar el bien de todos, incluidas la minorías. El bien común de la sociedad no es un bien autárquico; tienen valor sólo en relación al logro de los fines últimos de la persona y al bien común de toda la creación.

3.- El destino universal de los bienes:
Origen y significado. Entre las múltiples implicaciones del bien común, adquiere inmediato relieve el principio del destino universal de los bienes: Dios ha destinado la tierra y cuanto ella contiene para uso de todos los hombres y pueblos. En consecuencia, los bienes creados deben llegar a todos en forma equitativa bajo la égida de la justicia y con la compañía de la caridad. Este principio está en la base del derecho universal al uso de los bienes. Todo hombre debe tener la posibilidad de gozar del bienestar necesario para su pleno desarrollo. Es un derecho natural, originario y prioritario respecto a cualquier intervención humana sobre los bienes, a cualquier ordenamiento jurídico sobre los mismos, a cualquier sistema y método socioeconómico. Llevar a la práctica este principio implica una precisa definición de los modos, de los límites, de los objetos. Este principio invita a cultivar una visión de la economía inspirada en valores morales que permitan tener siempre presente el origen y la finalidad de tales bienes, para así realizar un mundo justo y solidario, que crea para todos condiciones necesarias de desarrollo integral.
Destino universal de los bienes y propiedad privada. Mediante el trabajo, el hombre, usando su inteligencia, logra dominar la tierra y hacerla su digna morada, de ahí el origen de la propiedad individual; así se asegura la autonomía personal y familiar, la ampliación de la libertad humana, el ejercicio de la responsabilidad. La propiedad privada es un elemento esencial del orden social. La doctrina social postula que la propiedad de los bienes sea accesible a todos por igual. La tradición cristiana nunca ha aceptado el derecho a la propiedad privada como absoluto e intocable, sino subordinado al bien común, al destino universal de los bienes; es un instrumento para este fin. La enseñanza de la DSI exhorta a reconocer la función social de cualquier forma de posesión privada; de ahí deriva el deber de los propietarios de no tener inoperantes los bienes poseídos y de destinarlos a una actividad productiva. En esta filosofía entran todos los bienes nuevos. También hay otra formas de propiedad, la propiedad comunitaria de los pueblos indígenas, por ejemplo. De la propiedad deriva para el sujeto poseedor (individuo o comunidad) una serie de ventajas objetivas: mejores condiciones de vida, seguridad para el futuro, mayores oportunidades de elección. También pueden derivar una serie de promesas ilusorias y tentadoras... el poseedor idolatra sus bienes y termina poseído por ellos. Sólo reconociendo la dependencia de los bienes de Dios y orientándolos al bien simún es posible conferirles una función útil para el crecimiento de los pueblos y los hombres.
Destino universal de los bienes y opción preferencial por los pobres. Este principio exige que se vele con particular solicitud por los pobres, los marginados, por los que sus condiciones de vida le impiden un crecimiento adecuado. La miseria humana es el signo evidente de la condición de debilidad del hombre y de su necesidad de salvación. El amor de la Iglesia por los pobres se inspira en el Evangelio de las bienaventuranzas, en la pobreza de Jesús y en su atención por los pobres. Este amor se refiere a la pobreza material y también a las numerosas formas de pobreza cultural y religiosa.

4º.- El principio de la subsidiariedad:
Origen y significado. La subsidiariedad está en las directrices más constantes y características de la DSI. Es imposible promover la dignidad de la persona si no se cuidan la familia, los grupos, las asociaciones, las realidades territoriales locales, en definitiva, aquellas expresiones asociativas de tipo económico, social, cultural, deportivo, recreativo, profesional, político, a las que las personas dan vida. Conforme a este principio, todas las sociedades de orden superior deben ponerse en una actitud de ayuda (”subsidium”) -por tanto de apoyo, promoción, desarrollo- respecto a las menores.
Indicaciones concretas. El principio de subsidiariedad protege a las personas de los abusos de las instancias sociales superiores e insta a estas últimas ayudar a los particulares y a los cuerpos intermedios a desarrollar sus tareas. Este principio se impone porque toda persona, familia y cuerpo intermedio tiene algo de original que ofrecer a la comunidad. A la actuación del principio de subsidiariedad corresponden: el respeto y la promoción efectiva del primado de la persona y de la familia; la valoración de las asociaciones y de las organizaciones intermedias; el impulso ofrecido a la iniciativa privada; la articulación pluralista de la sociedad; la salvaguardia de los derechos de los hombres y de las minorías; la descentralización; el equilibrio entre la esfera pública y privada; la responsabilidad del ciudadano. Diversas circunstancias pueden aconsejar que el Estado ejercite una función de suplencia, que no debe prolongarse más allá de lo estrictamente necesario.

5º.- La participación:
Significado y valor. Consecuencia característica de la subsidiariedad es la participación, por la que el ciudadano contribuye a la vida de la comunidad a la que pertenece. La participación es un deber en orden al bien común. No puede ser restringida en ámbitos como el trabajo, las actividades económicas, la cultura, la vida social y política, la edificación de una comunidad internacional solidaria.
Participación y democracia. La participación es uno de los pilares de todos los ordenamientos democráticos, además de una de las mejores garantías de permanencia de la democracia. Toda democracia debe ser participativa. La participación puede lograrse en todas las relaciones posibles entre el ciudadano y las instituciones. Deben preocuparnos los regímenes totalitarios o dictatoriales donde el derecho a participar en la vida pública es negado de raíz.

6º.- El principio de solidaridad:
Significado y valor. La solidaridad confiere particular relieve a la intrínseca sociabilidad de la persona humana, a la igualdad de todos en dignidad y derechos, al camino común de los hombres y de los pueblos hacia una unidad cada vez más convencida. Nunca ha existido una conciencia mayor de esta interdependencia. Pero también persisten fortísimas desigualdades entre unos países y otros. La conciencia de interdependencia debe ir acompañada de un crecimiento en el plano ético-social.

La solidaridad como principio social y como virtud moral. La solidaridad debe captarse, ante todo, en su valor de principio social ordenador de las instituciones, según el cual las “estructuras de pecado” deben ser superadas y transformadas en estructuras de solidaridad. La solidaridad es también una verdadera y propia virtud moral, es la determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común.
Solidaridad y crecimiento común de los hombres. Existen vínculos entre solidaridad y bien común, solidaridad y destino universal de los bienes, solidaridad e igualdad entre los hombres y los pueblos, solidaridad y paz en el mundo. Este principio implica que los hombres cultiven aún más la conciencia de deuda que tienen con la sociedad en la que están insertos.
La solidaridad en la vida y el mensaje de Jesucristo. La cumbre de este principio es la vida de Jesús de Nazaret, el Hombre nuevo, solidario con la humanidad hasta la muerte en cruz. Él hace resplandecer ante todos el nexo entre solidaridad y caridad, iluminando todo su significado. La solidaridad se reviste de dimensiones cristianas como la gratuidad total, el perdón, la reconciliación.

7º.- Los valores fundamentales de la vida social:
Relación entre principio y valores. Los valores requieren la práctica de principios fundamentales, el ejercicio de las virtudes y las actitudes morales correspondientes a los valores mismos. Todos los valores sociales son inherentes a la dignidad de la persona humana, cuyo auténtico desarrollo favorecen; son esencialmente: la verdad, la libertad, la justicia, el amor. La Iglesia puede manifestar como, en las diferentes opciones de los hombres, estos valores son afirmados o negados.
La verdad. Los hombres tienen una especial obligación de tender continuamente hacia la verdad, respetarla y atestiguarla responsablemente. Nuestro tiempo requiere una intensa actividad educativa, y un compromiso correspondiente por parte de todos para la búsqueda de la verdad. Esta cuestión afecta particularmente al mundo de la comunicación pública y el de la economía.
La libertad. Signo de la imagen divina, de su dignidad. Libre y responsable. Se respeta cuando cada uno puede seguir su propia vocación: buscar la verdad y profesar sus propias ideas religiosas, culturales y políticas; expresar sus opiniones; decidir su estado de vida y, en la medida de lo posible, el propio trabajo; asumir iniciativas... La libertad también se ejercita como capacidad de rechazar lo moralmente negativo. La plenitud de la libertad es la capacidad de disponer de sí mismo con vistas al auténtico bien.
La justicia. Consiste en la constante y firme voluntad de dar a Dios y al prójimo lo que le corresponde. Formas clásicas de justicia conmutativa, distributiva y legal. La justicia social concierne a los aspectos sociales, políticos y económicos y, sobre todo a la dimensión estructural de los problemas y las soluciones correspondientes. Hoy es muy importante, pues el valor de la persona, de su dignidad, de sus derechos, está seriamente amenazado porque prevalecen los criterios de utilidad y tener. Por si sola, la justicia no basta, si no se abre a la fuerza más profunda que es el amor.
La caridad. Entre las virtudes, los valores y la caridad existe un vínculo profundo. La caridad es el criterio supremo y universal de toda la ética social. Es la fuente interior de la justicia, la libertad y la verdad. La caridad presupone y transciende la justicia. No se pueden regular las relaciones humanas únicamente desde la justicia (“summum ius, summa inuria”). Ninguna legislación, ningún sistema de reglas o de estipulaciones lograrán persuadir a hombres y pueblos a vivir en la unidad, en la fraternidad y en la paz; ningún argumento podrá superar el apelo de la caridad. La caridad social y política no se agota en las relaciones entre las personas, sino que se despliega en la red en la que estas relaciones se insertan, que es precisamente la comunidad social y política, e interviene sobre ésta, procurando el bien posible para la comunidad en su conjunto. El prójimo que tenemos que amar se presenta “en sociedad”, de modo que amarlo realmente, socorrer su necesidad o su indigencia, puede significar algo distinto del bien que se le puede desear en el plano puramente individual.

INDICADOR 3.2.

3.2.TRABAJO Y EXAMEN

Repasar sobre el tema (investigar sino tomo apuntes en clases)(Ser objetivo, concreto y preciso en sus aportes).: Pensamiento de la Iglesia frente a:
* Matrimonio Gay
* Aborto
* Eutanasia
* Métodos anticonceptivos
* Pena de Muerte.

Realizar un trabajo bien argumentado y presentado. Enviarlo por correo electrónico el 18 de noviembre de 2009. El trabajo será sustentado en el examen de recuperación el lunes 23 de noviembre de 2009.

INDICADOR 3.3.

3.3. TRABAJO Y EXAMEN

Presentar un cuadro comparativo entre el pensamiento de la iglesia, ciencia y sociedad frente a todos los temas de exposición. Enviarlo por correo electrónico el 18 de noviembre de 2009. El trabajo será sustentado en el examen de recuperación el lunes 23 de noviembre de 2009.

INDICADOR 3.4.

3.4. TALLER Y TEMATICA PARA EL EXAMEN:

Realiza el siguiente taller sobre la dimensión social del ser humano y envíalo por correo electrónico el 18 de noviembre de 2009. El trabajo será sustentado en el examen de recuperación el lunes 23 de noviembre de 2009.
PREGUNTA GENERADORA:
Te has puesto a pensar ¿qué sería del hombre si viviera totalmente aislado?
Cuando piensas en tí mismo: ¿Crees que te conoces lo suficientemente, o que necesitas de otros para que tu conocimiento sea mejor?
¿Piensas que eres definitivamente un ser que necesitas relacionarte y compartir con otros?

SITUACIÓN DE APRENDIZAJE:

SÓLO SE VE BIEN CON EL CORAZÓN!!!
Visita la siguiente página: http://www.galeon.com/mundomatero/principito.html Es un fragmento de diálogo entre el Zorro y el Principito.

TAREAS

I ACTIVIDAD:
1.-Lee y analiza la anterior situación y saca tus propias conclusiones.
2.-Describe la relación de Dios con los personajes de la historia anterior y compárala con las relaciones narradas en: I Sam. 18.1-4 ISam.20,41-42 ISam.23,15-18 IISam.1,23
3.-Responde el presente Taller de saberes previos:
a.- ¿Sabes tú quién eres?
b.- ¿Por qué quieres ser dueño de tu vida?
c.- ¿Si fueras un animal con cuál te identificarías, por qué? y dibújalo
d.- ¿Si fueras una máquina con cuál te identificarías, por qué? Dibújala
e.- ¿Si fueras una parte de la geografía (montaña, río, valle, nevado…) sería, por qué? Dibújala.
f.- ¿Si fueras un estado del clima (lluvia, sol, primavera, …) cuál serías, por qué? Dibújalo.
g.- ¿Si fueras un color, cuál serías, por qué? Dibújalo
h.- ¿Si fueras un vehículo o medio de transporte serías, por qué? Dibújalo.
h.- ¿Si fueras un medio de comunicación con cual te identificarías, por qué? Dibújalo.
i.- Da las razones por las cuales crees que es indispensable conocerte y conocer a los demás.

II ACTIVIDAD:

1.-¿Cuáles son los elementos de la dimensión social del hombre ?
3.-¿Cuáles son los medios que utilizamos cada uno para comunicarnos con los demás ?
4.-Da las razones por las cuales es importante el encuentro de un YO con un TÚ.
5.-Con las siguientes citas bíblicas elabora una reflexión explicando por qué el encuentro libera, compromete y transforma. Mt. 8, 1-4;Mc. 14, 3-10;Mc. 8, 22-26;Mt. 16, 13-20.
6.-Elabora una radiografía dela realidad social del mundo actual
7.-¿Qué son los medios de comunicación social ?
8.- ¿Cuáles son los MCS?
9.- Describe la incidencia positiva y negativa de los MCS. En: individuo, Familia, colegio, sociedad y en la vida cristiana.
10.-¿Cuáles crees que son los conflictos más sobresalientes del mundo actual? ¿Qué causas y qué consecuencias traen estos conflictos para la vida: personal, familiar, escolar, comunidad?

MATERIAL PARA ESTUDIAR

PERSONA Y SOCIEDAD La capacidad intelectual del hombre constituye su esencia; por eso los griegos lo definían como animal racional. En virtud de esta condición, puede alcanzar la verdad

Persona y Sociedad 3.1 Hombre: ser social 3.2 Derecho natural3.3 Grupos sociales3.4 Cuerpos intermedios3.5 Clases sociales3.6 Principios rectores del orden socialTema 3.1. Hombre: ser social Las personas son seres bióticos -aquellos que cumplen un ciclo biológico, como los animales y las plantas-, pero con facultades diferentes, debido a que constituyen una unidad inescindible de dos elementos: material (el cuerpo) y espiritual (el alma). Facultad, es la capacidad o poder que permite hacer alguna cosa. Las facultades que distinguen a los seres humanos son:Inteligencia: facultad que ayuda a las personas a resolver los problemas y comprender los actos que realiza.Libertad: facultad que permite a las personas hacer una cosa o no hacerla, es decir, elegir.Voluntad: facultad que permite querer algo, tomar una decisión y esforzarse por realizarla.A diferencia de los animales, el hombre posee una naturaleza racional; el conocimiento humano trasciende las limitaciones físicas y capta la esencia de las cosas a partir de datos individuales. La capacidad intelectual del hombre constituye su esencia; por eso los griegos lo definían como animal racional. En virtud de esta condición, puede alcanzar la verdad: correcta adecuación de la inteligencia con las cosas. Es también un ser libre, lo que significa ser dueño de sus actos, a diferencia de los animales que se rigen por sus instintos. Es claro que los hombres también poseen instintos, pero pueden dominarlos, por lo tanto la conducta de una persona es consecuencia de sus propias decisiones.La libertad tiene como raíz la inteligencia; al poder conocer el hombre la realidad, la voluntad puede decidir para conseguir un bien (algo apetecible). Puede elegir entre varias cosas para alcanzar su perfección. Eligiendo entre varias opciones, el hombre decide su destino.La libertad, por cierto, no es absoluta; está condicionada por leyes físicas y normas morales, pero, puesto que se puede responder de distinta manera a los requerimientos, el hombre es responsable, pues debe responder de las consecuencias de sus actos.“La dignidad humana requiere, por tanto, que el hombre actúe según su conciencia y libre elección, es decir, movido e inducido por convicción interna personal y no bajo la presión de un ciego impulso interior o de la mera coacción externa. (...) Cada cual tendrá que dar cuenta de su vida ante el tribunal de Dios según la conducta buena o mala que haya observado.” (GS, l7)El orden social, entonces, siempre será el resultado de decisiones humanas, dado que, a diferencia de los animales, que sólo pueden agruparse siguiendo los imperativos instintivos, los hombres pueden constituir y modificar las sociedades de acuerdo a sus preferencias. A pesar de los condicionamientos múltiples a que está sometida la vida temporal de los hombres, siempre dispondrán de un abanico de posibilidades para organizar la vida comunitaria.“Pero una opinión equivocada induce con frecuencia a muchos al error de pensar que las relaciones de los individuos con sus respectivas comunidades políticas pueden regularse por las mismas leyes que rigen las fuerzas y los elementos irracionales del universo, siendo así que tales leyes son de otro género y hay que buscarlas solamente allí donde las ha grabado el Creador de todo, esto es, en la naturaleza del hombre.” (PT, 6)Esta concepción de la dignidad del hombre lo hace algo sagrado, y tiene tres consecuencias en el orden social:
 La sociedad se ordena a la perfección de las personas
 La condición de persona hace al hombre sujeto de derechos inviolables
 El hombre es agente activo de la vida social.El hombre es un ser social por naturaleza. Esto no es aceptado por las principales ideologías. El liberalismo, exalta al buen salvaje (Rousseau) que vivía feliz en un hipotético estadio de la historia. El hombre con libertad absoluta, que se da a sí mismo sus propias normas de conducta, constituye el ideal. La necesidad llevó a los hombres a asociarse, pero la sociedad es fuente de males, y debe limitarse su esfera de acción, en especial respecto de su órgano político, el Estado.Por su parte, el colectivismo marxista afirma que la sociabilidad es lo único esencial en el hombre. Marx lo define como un conjunto de relaciones sociales, y no tiene derechos que no le reconozca la sociedad.La experiencia histórica, por el contrario, demuestra que nunca existió vida humana que no fuera social. La misma generación de un niño exige la unión de los padres. No existe un ser tan indefenso como un niño, que no puede alimentarse ni movilizarse sólo, durante los primeros años de vida. Pero también para un adulto, la perfección supone la convivencia.La libertad del hombre, y su condición de ser social, llevó a Aristóteles a definirlo como zoon politikon (animal político). A diferencia de las abejas y las hormigas, que construyen sus colmenas y hormigueros siempre del mismo modo, las personas pueden diseñar sus ciudades de diferente manera. Esa capacidad de organizar su propia vida comunitaria, es la dimensión política del hombre.La primera consecuencia de toda agrupación es la necesidad de regirse por normas: reglas de conducta. Existen normas sociales (ej.: costumbres), y normas jurídicas que son obligatorias. En toda comunidad, las normas son útiles pues constituyen:
 Un freno para la autoridad; evitan la tiranía.
 Un freno para el desborde social; evitan la anarquía.
 Un freno para el desborde individual; evitan la explotación y el abuso.

Tema 3.2. Derecho natural Desde la antigüedad, se ha reconocido validez a normas de conducta que no provienen de la legislación humana. A esto se lo conoce como el Derecho Natural: es lo que se le debe al hombre en virtud de su esencia, por el sólo hecho de ser. Estas normas se pueden conocer espontáneamente aplicando la razón.Paralelamente, existe el Derecho Positivo, que incluye las normas dictadas por la autoridad pública. Ambos son necesarios, pero el Derecho Natural debe ser el fundamento del positivo.Como este derecho es una de las bases de la Doctrina Social, conviene conocer las notas que lo caracterizan: a) Universalidad: rige para todos los hombres y todos los tiempos, puesto que la naturaleza esencial es la misma en todos.b) Inmutabilidad: mientras las leyes positivas deben ser actualizadas permanentemente, para adaptarlas a la diversidad de situaciones que deben regir, las normas del derecho natural no son modificables ni derogables, puesto que la naturaleza humana no sufre cambios esenciales. Por importantes que sean los cambios históricos, no afectan la esencia del hombre.c) Cognocibilidad: es captado espontáneamente. “En lo más profundo de su conciencia descubre el hombre la existencia de una ley que él no se dicta a sí mismo, pero a la cual debe obedecer, y cuya voz resuena, cuando es necesario, en los oídos de su corazón, advirtiéndole que debe amar y practicar el bien y que debe evitar el mal: haz esto, evita aquella.” (GS, l6)El ser humano tiene tres inclinaciones esenciales:
 al igual que todos los demás seres, tiende a la conservación de la vida
 tiende a la propagación de la vida humana (conservación de la especie)
 por ser racional, tiende a su perfección intelectual, moral y religiosa.
Estas tres tendencias originan los derechos esenciales del hombre:“...todo hombre es persona, esto es, naturaleza dotada de inteligencia y de libre albedrío, y que, por tanto, el hombre tiene por sí mismo derechos y deberes, que dimanan inmediatamente y al mismo tiempo de su propia naturaleza. Estos derechos y deberes son, por ello, universales e inviolables y no pueden renunciarse por ningún concepto.” (PT, 9)Si existen en la realidad temporal normas y costumbres contrarias al derecho natural, es porque:
 que una persona sepa cómo debe actuar, no garantiza que todos sus actos sean buenos, pues influyen en él las debilidades y pasiones;
 hay situaciones complejas, que no resulta fácil discernir, y puede caerse en el error;
 hay costumbres e ideologías erróneas, que llevan a obscurecer la conciencia moral.

INDICADOR 3.5.

INVESTIGAR LOS DISTINTOD MODELOS ECONOMICOS, SOCIALES Y POLITICOS MAS PREDOMINANTES EN EL MUNDO ACTUAL Y COMPARARLOS CON LO QUE PROPONE LA IGLESIA CATOLICA EN EL CONCILIO VATICANO II EN LA CONSTITUCION GADIUM ET SPES. REALIZAR UN ENSAYO Y ENVIARLO AL CORREO edureligiosa@biffilasalle.edu.co

GADIUM ET SPES.
SITUACIÓN DEL HOMBRE EN EL MUNDO DE HOY
Esperanzas y temores
4. Para cumplir esta misión es deber permanente de la Iglesia escrutar a fondo los signos de la época e interpretarlos a la luz del Evangelio, de forma que, acomodándose a cada generación, pueda la Iglesia responder a los perennes interrogantes de la humanidad sobre el sentido de la vida presente y de la vida futura y sobre la mutua relación de ambas. Es necesario por ello conocer y comprender el mundo en que vivimos, sus esperanzas, sus aspiraciones y el sesgo dramático que con frecuencia le caracteriza. He aquí algunos rasgos fundamentales del mundo moderno.
El género humano se halla en un período nuevo de su historia, caracterizado por cambios profundos y acelerados, que progresivamente se extienden al universo entero. Los provoca el hombre con su inteligencia y su dinamismo creador; pero recaen luego sobre el hombre, sobre sus juicios y deseos individuales y colectivos, sobre sus modos de pensar y sobre su comportamiento para con las realidades y los hombres con quienes convive. Tan es así esto, que se puede ya hablar de una verdadera metamorfosis social y cultural, que redunda también en la vida religiosa.
Como ocurre en toda crisis de crecimiento, esta transformación trae consigo no leves dificultades. Así mientras el hombre amplía extraordinariamente su poder, no siempre consigue someterlo a su servicio. Quiere conocer con profundidad creciente su intimidad espiritual, y con frecuencia se siente más incierto que nunca de sí mismo. Descubre paulatinamente las leyes de la vida social, y duda sobre la orientación que a ésta se debe dar.
Jamás el género humano tuvo a su disposición tantas riquezas, tantas posibilidades, tanto poder económico. Y, sin embargo, una gran parte de la humanidad sufre hambre y miseria y son muchedumbre los que no saben leer ni escribir. Nunca ha tenido el hombre un sentido tan agudo de su libertad, y entretanto surgen nuevas formas de esclavitud social y psicológica. Mientras el mundo siente con tanta viveza su propia unidad y la mutua interdependencia en ineludible solidaridad, se ve, sin embargo, gravísimamente dividido por la presencia de fuerzas contrapuestas. Persisten, en efecto, todavía agudas tensiones políticas, sociales, económicas, raciales e ideológicas, y ni siquiera falta el peligro de una guerra que amenaza con destruirlo todo. Se aumenta la comunicación de las ideas; sin embargo, aun las palabras definidoras de los conceptos más fundamentales revisten sentidos harto diversos en las distintas ideologías. Por último, se busca con insistencia un orden temporal más perfecto, sin que avance paralelamente el mejoramiento de los espíritus.
Afectados por tan compleja situación, muchos de nuestros contemporáneos difícilmente llegan a conocer los valores permanentes y a compaginarlos con exactitud al mismo tiempo con los nuevos descubrimientos. La inquietud los atormenta, y se preguntan, entre angustias y esperanzas, sobre la actual evolución del mundo. El curso de la historia presente en un desafío al hombre que le obliga a responder.
Cambios profundos
5. La turbación actual de los espíritus y la transformación de las condiciones de vida están vinculadas a una revolución global más amplia, que da creciente importancia, en la formación del pensamiento, a las ciencias matemáticas y naturales y a las que tratan del propio hombre; y, en el orden práctico, a la técnica y a las ciencias de ella derivadas. El espíritu científico modifica profundamente el ambiente cultural y las maneras de pensar. La técnica con sus avances está transformando la faz de la tierra e intenta ya la conquista de los espacios interplanetarios.
También sobre el tiempo aumenta su imperio la inteligencia humana, ya en cuanto al pasado, por el conocimiento de la historia; ya en cuanto al futuro, por la técnica prospectiva y la planificación. Los progresos de las ciencias biológicas, psicológicas y sociales permiten al hombre no sólo conocerse mejor, sino aun influir directamente sobre la vida de las sociedades por medio de métodos técnicos. Al mismo tiempo, la humanidad presta cada vez mayor atención a la previsión y ordenación de la expansión demográfica.
La propia historia está sometida a un proceso tal de aceleración, que apenas es posible al hombre seguirla. El género humano corre una misma suerte y no se diversifica ya en varias historias dispersas. La humanidad pasa así de una concepción más bien estática de la realidad a otra más dinámica y evolutiva, de donde surge un nuevo conjunto de problemas que exige nuevos análisis y nuevas síntesis.
Cambios en el orden social
6. Por todo ello, son cada día más profundos los cambios que experimentan las comunidades locales tradicionales, como la familia patriarcal, el clan, la tribu, la aldea, otros diferentes grupos, y las mismas relaciones de la convivencia social.
El tipo de sociedad industrial se extiende paulatinamente, llevando a algunos países a una economía de opulencia y transformando profundamente concepciones y condiciones milenarias de la vida social. La civilización urbana tiende a un predominio análogo por el aumento de las ciudades y de su población y por la tendencia a la urbanización, que se extiende a las zonas rurales.
Nuevos y mejores medios de comunicación social contribuyen al conocimiento de los hechos y a difundir con rapidez y expansión máximas los modos de pensar y de sentir, provocando con ello muchas repercusiones simultáneas.
Y no debe subestimarse el que tantos hombres, obligados a emigrar por varios motivos, cambien su manera de vida.
De esta manera, las relaciones humanas se multiplican sin cesar y el mismo tiempo la propia socialización crea nuevas relaciones, sin que ello promueva siempre, sin embargo, el adecuado proceso de maduración de la persona y las relaciones auténticamente personales (personalización).
Esta evolución se manifiesta sobre todo en las naciones que se benefician ya de los progresos económicos y técnicos; pero también actúa en los pueblos en vías de desarrollo, que aspiran a obtener para sí las ventajas de la industrialización y de la urbanización. Estos últimos, sobre todo los que poseen tradiciones más antiguas, sienten también la tendencia a un ejercicio más perfecto y personal de la libertad.
Cambios psicológicos, morales y religiosos
7. El cambio de mentalidad y de estructuras somete con frecuencia a discusión las ideas recibidas. Esto se nota particularmente entre jóvenes, cuya impaciencia e incluso a veces angustia, les lleva a rebelarse. Conscientes de su propia función en la vida social, desean participar rápidamente en ella. Por lo cual no rara vez los padres y los educadores experimentan dificultades cada día mayores en el cumplimiento de sus tareas.
Las instituciones, las leyes, las maneras de pensar y de sentir, heredadas del pasado, no siempre se adaptan bien al estado actual de cosas. De ahí una grave perturbación en el comportamiento y aun en las mismas normas reguladoras de éste.
Las nuevas condiciones ejercen influjo también sobre la vida religiosa. Por una parte, el espíritu crítico más agudizado la purifica de un concepto mágico del mundo y de residuos supersticiosos y exige cada vez más una adhesión verdaderamente personal y operante a la fe, lo cual hace que muchos alcancen un sentido más vivo de lo divino. Por otra parte, muchedumbres cada vez más numerosas se alejan prácticamente de la religión. La negación de Dios o de la religión no constituye, como en épocas pasadas, un hecho insólito e individual; hoy día, en efecto, se presenta no rara vez como exigencia del progreso científico y de un cierto humanismo nuevo. En muchas regiones esa negación se encuentra expresada no sólo en niveles filosóficos, sino que inspira ampliamente la literatura, el arte, la interpretación de las ciencias humanas y de la historia y la misma legislación civil. Es lo que explica la perturbación de muchos.
Los desequilibrios del mundo moderno
8. Una tan rápida mutación, realizada con frecuencia bajo el signo del desorden, y la misma conciencia agudizada de las antinomias existentes hoy en el mundo, engendran o aumentan contradicciones y desequilibrios.
Surgen muchas veces en el propio hombre el desequilibrio entre la inteligencia práctica moderna y una forma de conocimiento teórico que no llega a dominar y ordenar la suma de sus conocimientos en síntesis satisfactoria. Brota también el desequilibrio entre el afán por la eficacia práctica y las exigencias de la conciencia moral, y no pocas veces entre las condiciones de la vida colectiva y a las exigencias de un pensamiento personal y de la misma contemplación. Surge, finalmente, el desequilibrio entre la especialización profesional y la visión general de las cosas.
Aparecen discrepancias en la familia, debidas ya al peso de las condiciones demográficas, económicas y sociales, ya a los conflictos que surgen entre las generaciones que se van sucediendo, ya a las nuevas relaciones sociales entre los dos sexos.
Nacen también grandes discrepancias raciales y sociales de todo género. Discrepancias entre los países ricos, los menos ricos y los pobres. Discrepancias, por último, entre las instituciones internacionales, nacidas de la aspiración de los pueblos a la paz, y las ambiciones puestas al servicio de la expansión de la propia ideología o los egoísmos colectivos existentes en las naciones y en otras entidades sociales.
Todo ello alimenta la mutua desconfianza y la hostilidad, los conflictos y las desgracias, de los que el hombre es, a la vez, causa y víctima.
Aspiraciones más universales de la humanidad
9. Entre tanto, se afianza la convicción de que el género humano puede y debe no sólo perfeccionar su dominio sobre las cosas creadas, sino que le corresponde además establecer un orden político, económico y social que esté más al servicio del hombre y permita a cada uno y a cada grupo afirmar y cultivar su propia dignidad.
De aquí las instantes reivindicaciones económicas de muchísimos, que tienen viva conciencia de que la carencia de bienes que sufren se debe a la injusticia o a una no equitativa distribución. Las naciones en vía de desarrollo, como son las independizadas recientemente, desean participar en los bienes de la civilización moderna, no sólo en el plano político, sino también en el orden económico, y desempeñar libremente su función en el mundo. Sin embargo, está aumentando a diario la distancia que las separa de las naciones más ricas y la dependencia incluso económica que respecto de éstas padecen. Los pueblos hambrientos interpelan a los pueblos opulentos.
La mujer, allí donde todavía no lo ha logrado, reclama la igualdad de derecho y de hecho con el hombre. Los trabajadores y los agricultores no sólo quieren ganarse lo necesario para la vida, sino que quieren también desarrollar por medio del trabajo sus dotes personales y participar activamente en la ordenación de la vida económica, social, política y cultural. Por primera vez en la historia, todos los pueblos están convencidos de que los beneficios de la cultura pueden y deben extenderse realmente a todas las naciones.
Pero bajo todas estas reivindicaciones se oculta una aspiración más profunda y más universal: las personas y los grupos sociales están sedientos de una vida plena y de una vida libre, digna del hombre, poniendo a su servicio las inmensas posibilidades que les ofrece el mundo actual. Las naciones, por otra parte, se esfuerzan cada vez más por formar una comunidad universal.
De esta forma, el mundo moderno aparece a la vez poderoso y débil, capaz de lo mejor y de lo peor, pues tiene abierto el camino para optar entre la libertad o la esclavitud, entre el progreso o el retroceso, entre la fraternidad o el odio. El hombre sabe muy bien que está en su mano el dirigir correctamente las fuerzas que él ha desencadenado, y que pueden aplastarle o servirle. Por ello se interroga a sí mismo.
Interdependencia entre la persona humana y la sociedad
25. La índole social del hombre demuestra que el desarrollo de la persona humana y el crecimiento de la propia sociedad están mutuamente condicionados. porque el principio, el sujeto y el fin de todas las instituciones sociales es y debe ser la persona humana, la cual, por su misma naturaleza, tiene absoluta necesidad de la vida social. La vida social no es, pues, para el hombre sobrecarga accidental. Por ello, a través del trato con los demás, de la reciprocidad de servicios, del diálogo con los hermanos, la vida social engrandece al hombre en todas sus cualidades y le capacita para responder a su vocación.
De los vínculos sociales que son necesarios para el cultivo del hombre, unos, como la familia y la comunidad política, responden más inmediatamente a su naturaleza profunda; otros, proceden más bien de su libre voluntad. En nuestra época, por varias causas, se multiplican sin cesar las conexiones mutuas y las interdependencias; de aquí nacen diversas asociaciones e instituciones tanto de derecho público como de derecho privado. Este fenómeno, que recibe el nombre de socialización, aunque encierra algunos peligros, ofrece, sin embargo, muchas ventajas para consolidar y desarrollar las cualidades de la persona humana y para garantizar sus derechos.
Mas si la persona humana, en lo tocante al cumplimiento de su vocación, incluida la religiosa, recibe mucho de esta vida en sociedad, no se puede, sin embargo, negar que las circunstancias sociales en que vive y en que está como inmersa desde su infancia, con frecuencia le apartan del bien y le inducen al mal. Es cierto que las perturbaciones que tan frecuentemente agitan la realidad social proceden en parte de las tensiones propias de las estructuras económicas, políticas y sociales. Pero proceden, sobre todo, de la soberbia y del egoísmo humanos, que trastornan también el ambiente social. Y cuando la realidad social se ve viciada por las consecuencias del pecado, el hombre, inclinado ya al mal desde su nacimiento, encuentra nuevos estímulos para el pecado, los cuales sólo pueden vencerse con denodado esfuerzo ayudado por la gracia.
La promoción del bien común
26. La interdependencia, cada vez más estrecha, y su progresiva universalización hacen que el bien común -esto es, el conjunto de condiciones de la vida social que hacen posible a las asociaciones y a cada uno de sus miembros el logro más pleno y más fácil de la propia perfección- se universalice cada vez más, e implique por ello derechos y obligaciones que miran a todo el género humano. Todo grupo social debe tener en cuanta las necesidades y las legítimas aspiraciones de los demás grupos; más aún, debe tener muy en cuanta el bien común de toda la familia humana.
Crece al mismo tiempo la conciencia de la excelsa dignidad de la persona humana, de su superioridad sobre las cosas y de sus derechos y deberes universales e inviolables. Es, pues, necesario que se facilite al hombre todo lo que éste necesita para vivir una vida verdaderamente humana, como son el alimento, el vestido, la vivienda, el derecho a la libre elección de estado ya fundar una familia, a la educación, al trabajo, a la buena fama, al respeto, a una adecuada información, a obrar de acuerdo con la norma recta de su conciencia, a la protección de la vida privada y a la justa libertad también en materia religiosa.
El orden social, pues, y su progresivo desarrollo deben en todo momento subordinarse al bien de la persona, ya que el orden real debe someterse al orden personal, y no al contrario. El propio Señor lo advirtió cuando dijo que el sábado había sido hecho para el hombre, y no el hombre para el sábado. El orden social hay que desarrollarlo a diario, fundarlo en la verdad, edificarlo sobre la justicia, vivificarlo por el amor. Pero debe encontrar en la libertad un equilibrio cada día más humano. Para cumplir todos estos objetivos hay que proceder a una renovación de los espíritus y a profundas reformas de la sociedad.
El Espíritu de Dios, que con admirable providencia guía el curso de los tiempos y renueva la faz de la tierra, no es ajeno a esta evolución. Y, por su parte, el fermento evangélico ha despertado y despierta en el corazón del hombre esta irrefrenable exigencia de la dignidad.
El respeto a la persona humana
27. Descendiendo a consecuencias prácticas de máxima urgencia, el Concilio inculca el respeto al hombre, de forma de cada uno, sin excepción de nadie, debe considerar al prójimo como otro yo, cuidando en primer lugar de su vida y de los medios necesarios para vivirla dignamente, no sea que imitemos a aquel rico que se despreocupó por completo del pobre Lázaro.
En nuestra época principalmente urge la obligación de acercarnos a todos y de servirlos con eficacia cuando llegue el caso, ya se trate de ese anciano abandonado de todos, o de ese trabajador extranjero despreciado injustamente, o de ese desterrado, o de ese hijo ilegítimo que debe aguantar sin razón el pecado que él no cometió, o de ese hambriento que recrimina nuestra conciencia recordando la palabra del Señor: Cuantas veces hicisteis eso a uno de estos mis hermanos menores, a mi me lo hicisteis. (Mt 25,40).
No sólo esto. Cuanto atenta contra la vida -homicidios de cualquier clase, genocidios, aborto, eutanasia y el mismo suicidio deliberado-; cuanto viola la integridad de la persona humana, como, por ejemplo, las mutilaciones, las torturas morales o físicas, los conatos sistemáticos para dominar la mente ajena; cuanto ofende a la dignidad humana, como son las condiciones infrahumanas de vida, las detenciones arbitrarias, las deportaciones, la esclavitud, la prostitución, la trata de blancas y de jóvenes; o las condiciones laborales degradantes, que reducen al operario al rango de mero instrumento de lucro, sin respeto a la libertad y a la responsabilidad de la persona humana: todas estas prácticas y otras parecidas son en sí mismas infamantes, degradan la civilización humana, deshonran más a sus autores que a sus víctimas y son totalmente contrarias al honor debido al Creador.
Respeto y amor a los adversarios
28. Quienes sienten u obran de modo distinto al nuestro en materia social, política e incluso religiosa, deben ser también objeto de nuestro respeto y amor. Cuanto más humana y caritativa sea nuestra comprensión íntima de su manera de sentir, mayor será la facilidad para establecer con ellos el diálogo.
Esta caridad y esta benignidad en modo alguno deben convertirse en indiferencia ante la verdad y el bien. Más aún, la propia caridad exige el anuncio a todos los hombres de la verdad saludable. Pero es necesario distinguir entre el error, que siempre debe ser rechazado, y el hombre que yerra, el cual conserva la dignidad de la persona incluso cuando está desviado por ideas falsas o insuficientes en materia religiosa. Dios es el único juez y escrutador del corazón humano. Por ello, nos prohíbe juzgar la culpabilidad interna de los demás.
La doctrina de Cristo pide también que perdonemos las injurias. El precepto del amor se extiende a todos los enemigos. Es el mandamiento de la Nueva Ley: «Habéis oído que se dijo: "Amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo". Pero yo os digo : "Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian y orad por lo que os persiguen y calumnian"» (Mt 5,43-44).
La igualdad esencial entre los hombres y la justicia social
29. La igualdad fundamental entre todos los hombres exige un reconocimiento cada vez mayor. Porque todos ellos, dotados de alma racional y creados a imagen de Dios, tienen la misma naturaleza y el mismo origen. Y porque, redimidos por Cristo, disfrutan de la misma vocación y de idéntico destino.
Es evidente que no todos los hombres son iguales en lo que toca a la capacidad física y a las cualidades intelectuales y morales. Sin embargo, toda forma de discriminación en los derechos fundamentales de la persona, ya sea social o cultural, por motivos de sexo, raza, color, condición social, lengua o religión, debe ser vencida y eliminada por ser contraria al plan divino. En verdad, es lamentable que los derechos fundamentales de la persona no estén todavía protegidos en la forma debida por todas partes. Es lo que sucede cuando se niega a la mujer el derecho de escoger libremente esposo y de abrazar el estado de vida que prefiera o se le impide tener acceso a una educación y a una cultura iguales a las que se conceden al hombre.
Más aún, aunque existen desigualdades justas entre los hombres, sin embargo, la igual dignidad de la persona exige que se llegue a una situación social más humana y más justa. Resulta escandaloso el hecho de las excesivas desigualdades económicas y sociales que se dan entre los miembros y los pueblos de una misma familia humana. Son contrarias a la justicia social, a la equidad, a la dignidad de la persona humana y a la paz social e internacional.
Las instituciones humanas, privadas o públicas, esfuércense por ponerse al servicio de la dignidad y del fin del hombre. Luchen con energía contra cualquier esclavitud social o política y respeten, bajo cualquier régimen político, los derechos fundamentales del hombre. Más aún, estas instituciones deben ir respondiendo cada vez más a las realidades espirituales, que son las más profundas de todas, aunque es necesario todavía largo plazo de tiempo para llegar al final deseado.
Hay que superar la ética individualista
30. La profunda y rápida transformación de la vida exige con suma urgencia que no haya nadie que, por despreocupación frente a la realidad o por pura inercia, se conforme con una ética meramente individualista. El deber de justicia y caridad se cumple cada vez más contribuyendo cada uno al bien común según la propia capacidad y la necesidad ajena, promoviendo y ayudando a las instituciones, así públicas como privadas, que sirven para mejorar las condiciones de vida del hombre. Hay quienes profesan amplias y generosas opiniones, pero en realidad viven siempre como si nunca tuvieran cuidado alguno de las necesidades sociales. No sólo esto; en varios países son muchos los que menosprecian las leyes y las normas sociales. No pocos, con diversos subterfugios y fraudes, no tienen reparo en soslayar los impuestos justos u otros deberes para con la sociedad. Algunos subestiman ciertas normas de la vida social; por ejemplo, las referentes a la higiene o las normas de la circulación, sin preocuparse de que su descuido pone en peligro la vida propia y la vida del prójimo.
La aceptación de las relaciones sociales y su observancia deben ser consideradas por todos como uno de los principales deberes del hombre contemporáneo. Porque cuanto más se unifica el mundo, tanto más los deberes del hombre rebasan los límites de los grupos particulares y se extiende poco a poco al universo entero. Ello es imposible si los individuos y los grupos sociales no cultivan en sí mismo y difunden en la sociedad las virtudes morales y sociales, de forma que se conviertan verdaderamente en hombres nuevos y en creadores de una nueva humanidad con el auxilio necesario de la divina gracia.

INDICADOR 3.6.

3.6. EXAMEN DEL SIGUIENTE MATERIAL

APROXIMACIÓN BÍBLICA A LA MORAL DE LA SOCIEDAD

El mensaje bíblico es una de las claves interpretativas de la experiencia humana, válida tanto para el creyente como para el hombre en general. En efecto, acudir a la Biblia puede ser útil para una moral cristiana y también para una moral “civil”. Las claves bíblicas pueden resumirse en torno a tres grandes ejes de interrogantes:
· Qué significan las cosas para el hombre bíblico; qué relación tiene el hombre con la naturaleza y con la posesión de las cosas; qué lugar ocupan los bienes, la naturaleza y las propiedades.
· Qué significan las otras personas en el camino de la vida; qué lugar ocupa la sociedad.
· Qué sentido tiene vivir la posesión de bienes y la vivencia colectiva en cada momento histórico.

1. En el Antiguo Testamento
a) Las relaciones entre los hombres están mediadas por la justicia de Dios: El Antiguo Testamento nos presenta que las relaciones entre los hombres están reguladas por la justicia, término que posee una connotación religiosa. La búsqueda de la justicia media en la relación con las cosas y con los demás. El comportamiento con el otro se rige por la máxima “actúa con el otro del mismo modo como Dios se ha comportado contigo”. La relación con Yahvé ilumina las demás relaciones interpersonales, de modo que esa gratuidad de Dios impide que el hombre pretenda hacerse un «dios» para los otros hombres, con el afán de dominarlos.

b) Esencial a la justicia es la vida comunitaria: La perspectiva salvífica de la justicia convoca a una vida comunitaria. Desde aquí nace y se potencia la solidaridad. Además, ese aspecto comunitario es vivido por Israel desde la espontaneidad: es un pueblo por iniciativa de Dios y su relación con los otros emana de su primordial relación con Dios. De ahí que el pueblo no sea feliz, mientras uno de sus miembros se sienta desgraciado. Esto conduce, consecuentemente, a la asunción del sacrificio personal por el pueblo y no sólo por los seres queridos; las relación interpersonal se abre, pues, a la universalidad.

c) La Ley es la mediación necesaria de la justicia: La Ley es la encarnación jurídica de la justicia. Quien quebranta la ley no es justo, porque rompe con la comunidad y porque atenta contra la voluntad de Dios, manifestada en el contrato de la Alianza. Pero la Ley no agota las exigencias de la justicia, porque esa Ley se refiere a circunstancias históricas concretas y particulares.

d) Los pobres y los marginados exigen una situación especial: Las nociones de justicia, comunidad y ley significan para los profetas que los más débiles requieren de un trato especial. No se puede confesar la gratuidad de Dios si no existe una sensibilidad especial hacia los marginados. Es necesario que el pobre deje de ser pobre para que también celebre los dones de Dios repartidos en la creación y concedidos a todos. Las situaciones de marginalidad denuncian la insuficiencia de las leyes comunes y exigen su revisión.

2. En el Nuevo Testamento
La apelación al mensaje de Jesús ha sido constante –y a veces contradictoria- a la hora de resolver problemas éticos de naturaleza social. Esta evocación se ha dirigido en ocasiones por dos caminos extremos: el integrismo trascendente y el integrismo sociopolítico.

a) Integrismo trascendente: La referencia a Jesús de Nazaret se hace meramente en torno a su relación con la trascendencia, despreciando el trato con las cosas y con los demás. Se trata de una fuga del mundo. Con un lenguaje espiritualista se aleja de la realidad de las conexiones del hombre con el mundo y de sus necesidades vitales. Constituye un acercamiento a Cristo de manera mutilada y parcial y, por ende, errónea.
b) Integrismo sociopolítico: Se acentúa el otro lado, el de la reciprocidad del mensaje de Jesús con las cosas. Jesús se convierte en un caudillo sociopolítico, preocupado únicamente por las realidades terrenas. La trascendencia se convierte en una excusa, a la que se acude para justificar y legitimar el mundo de las cosas, sin que Dios tenga mucho que ver con ellas.

c) Postura integradora: Entre las cosas y Dios no hay una continuidad automática. Entre ambos planos existe una correspondencia que se fundamenta en la experiencia original del Misterio pascual. Jesús, la Palabra de Dios, se hizo hombre en el contexto social concreto de un momento histórico, igual en todo al hombre menos en el pecado, aunque asumió solidariamente carne de pecado. Jesús no propone un modelo «técnico» o «político» de actuación. Asume la estructura organizativa de su tiempo, pero incita a resolver sus contradicciones. Acepta la Ley y reclama sus necesidades, pero pone en evidencia sus insuficiencias. Y todo ello lo realiza en función de su comunión con el Padre y de la comunión con los hijos del Padre común. Jesús se inserta en una sociedad concreta, pero eso no significa que minusvalore otros posibles modos de organización. Por tanto, seguir a Jesús no conlleva un seguimiento mimético del comportamiento histórico y puntual que él desarrolló en su ámbito social. No es posible, en consecuencia, interpretar todas las formas de vida posibles desde la univocidad. Más bien, se requiere una integración en la vida social desde la pluralidad y desde la insuficiencia.

3. Algunas concreciones del mensaje bíblico sobre los bienes materiales
a) El Reino de Dios no se presenta como alternativa al reino de este mundo, es decir, no presenta un programa económico o político de restauración de la sociedad. La Iglesia primitiva comprendió perfectamente la autonomía radical del mundo con sus estructuras organizativas.

b) Pero el mismo cristianismo primitivo no renuncia a un proyecto de Iglesia, con un modelo de convivencia fraterna, anunciando un mundo nuevo promovido por el desinterés y la gratuidad.

c) Principios:
· Los bienes de la tierra creados por Dios son buenos en sí mismos.
· Los bienes creados han de ser considerados como dones del amor de Dios y de su liberalidad.
· Los bienes terrenos están puestos por Dios bajo el dominio del hombre.

d) Actitudes ante los bienes:
· El hombre debe usar los bienes con paz (1Tim 4, 4).
· El hombre no tiene derecho absoluto sobre los bienes (1 Cor 7, 29-31).
· Puesto que son dones de Dios, el cristiano debe confiarse plenamente a la Providencia, pedir los suficientes y agradecer los recibidos (Mt 6, 25-33).
· Los bienes materiales, como son signos de bienes superiores (el Reino de Dios) han de ordenarse a ellos sin menoscabarlos.
· Como son bienes al servicio del hombre, el hombre no debe someterse a los bienes materiales.

4. Síntesis
a) La Sagrada Escritura no contiene ningún tratado sobre los problemas socioeconómicos ni sobre el comportamiento ante ellos.
b) La Sagrada Escritura ofrece una visión religiosa, salvífica e histórica de la realidad social en el concreto contexto social en que se desenvuelve.
c) En Jesús de Nazaret, en lo que respecta al ámbito socioeconómico, encontramos las siguientes actitudes:
· El anuncio del Reino de Dios constituye la promesa escatológica y la decisión humana y gozosa de servicio a la justicia.
· El servicio de Jesús a los hombres se muestra en su preferencia por los pobres, pecadores y marginados.
· La libertad de Jesús ante la Ley, el culto y el poder comporta un compromiso de liberación social.
· La muerte de Jesús es consecuencia de su comportamiento ético, y su actitud ante la vida se constituye en norma para sus seguidores.

INDICADORES 4.1. Y 4.2

4.1. Y 4.2. EXAMEN DEL SIGUIENTE MATERIAL

PALESTINA EN TIEMPOS DE JESUS

1) Actividad Económica. La economía de Palestina estaba apoyada fundamentalmente en la agricultura y el turismo religioso a Jerusalén. La agricultura se limitaba a cereales, olivos, higueras, sicómoros y vid. El país era pobre en materias primas y lo único que exportaba era aceite, olivas y vino. Lo demás rara vez se podía encontrar sin importarlo, con los correspondientes recargos.
En algunos parajes incultivables se criaba ganado: vacas, corderos, cabras, asnos y algo de avicultura (palomas y gallinas).
La pesca era posible solamente en el mar de Galilea (un gran lago). Se solía comer más pescado salado o ahumado que carne. La artesanía era suficiente para el consumo nacional: sastres, zapateros, carreteros, albañiles, fabricantes de tiendas, herreros, alfareros y plateros eran algunos de los oficios más frecuentes.
El comercio a base de caravanas (a veces de más de 200 camellos) empleaba camelleros, posaderos, tenderos, cambistas de monedas, etc., todos los cuales eran sospechosos para el resto de la gente de ser estafadores. Había otros oficios que eran despreciados por comunicar mal olor (incluido el oficio de pastor).
2) El turismo religioso a Jerusalén. Era pieza fundamental para que el país pudiera mantenerse; de ahí que se le pueda llamar a Israel <> (quien ataca al templo, ataca a todo el país). Todo judío había de ir al menos una vez en la vida al templo y, aunque tenía posada gratuita por ser Jerusalén la casa de todos los judíos, debía gastar obligatoriamente en la ciudad determinada cantidad de dinero (<>: un diezmo del producto agrícola), además de los tributos religiosos que debía pagar al templo, de la compra de victimas para los sacrificios, del tanto por ciento por el cambio de moneda y de los <>.
Tres semanas antes de la pascua, se montaba ya el mercado a las puertas de templo. Además, las obras y el funcionamiento de éste ocupaban a varias de decenas de miles de personas, que no todas vivían en Jerusalén.
3) Otras circunstancias sociales. En el resto del país los jornaleros abundaban. Se les encontraba en la plaza del pueblo para el trabajo de un día, el cual se ajustaba con ellos en un denario de plata: éste era, pues el salario de un día.
En Galilea, donde tenían sus posesiones los mayores terratenientes (éstos vivían en Jerusalén), las fincas eran dirigidas por los administradores, personajes frecuentes en las parábolas de Jesús. La recesión fue en algunas épocas muy grande y la emigración mucha (hay que tener en cuenta que sólo heredaba el hijo mayor). Los judíos que vivían en el extranjero compraban, si podían, parcelas en Palestina para pasar allí su vejez y morir en su tierra.
Con mendigos (verdaderos y falsos) y minusválidos, a los que no se permitía ni entrar en el templo, las calles estaban concurridas siempre. Los escribas (teólogos de carrera) a los 40 años tenían derecho al título de <>, pero la gente llamaba así a otros muchos que no tenían estudio (rabí: padre, maestro). Los esclavos israelitas, contra lo que el nombre hace suponer, eran personas respetadas que tenían trabajo fijo por seis años; pero los esclavos no israelitas lo eran por siempre, rigiéndose por otro estatuto. Una institución típicamente israelita era el año sabático. Tenía que notarse que Dios era el dueño de todo: cada siete años, llegaba el año sabático, durante el cual la tierra no se sembraba, los esclavos israelitas quedaban libres y las deudas caducaban. La ley señalaba también el año jubilar: cada 50 años, las tierras tenían que distribuirse de nuevo y cada israelita volvía a tener lo que quizá hubiese vendido su familia anteriormente. Pero parece ser que esta ley no se aplicó nunca.
4) La vida diaria. La familia, patriarcal, tenía al padre como dueño absoluto, sacerdote y maestro de todos los componentes. La mujer era respetable si tenía hijos (ese es su único papel); de lo contrario, era menospreciada; no era sujeto de derecho y por ello la tenía que defender su marido o su padre.
Las viudas estaban completamente desamparadas, no servían para testigos e incluso religiosamente eran discriminadas: <>. <>. Estas frases eran corrientes en esa época. Las hijas eran poco más que bienes que se vendían a los pretendientes que las compraban lo mismo que a un esclavo. Se las casaba antes de los 12 años y medio, ya que después de esa edad se precisaba su consentimiento. Los varones lo hacían entre los 18 y los 24 años. Eran frecuentes los matrimonios con sobrinas y la poligamia práctica era bastante normal. La mujer debía lavar los pies al marido, cosa que estaba prohibido hacer incluso a los esclavos judíos. No se le saludaba en la calle y sólo el día de la boda llevaba la cara descubierta. Estaba en estado de impureza legal (higiénico-religiosa) durante la menstruación y 40 u 80 días después del parto, según hubiera dado a luz niño o niña. El hombre podía repudiar a su mujer, según algunos, si no hacía bien la comida o si encontraba otra más hermosa que ella.
Otros eran más severos con las causas. Dado lo distinto del contrato matrimonial (padre-esposo), el repudio no equivalía exactamente al moderno concepto de divorcio que se deduce de un contrato entre esposo y esposa.
Los hijos varones eran instruidos por su padre en las costumbres y religión israelita. Tres veces al día debía rezar el judío la oración de las 18 bendiciones de cara a Jerusalén, de pie, con las manos extendidas y la vista baja.
El sábado lo guardaban los judíos de todo el mundo. Era el día de descanso para todos, incluso para los animales, por lo que se discutía si era lícito comer un huevo puesto en sábado.
GRUPOS PRINCIPALES EN TIEMPOS DE JESÚS

* Herodianos: Políticamente alrededor del rey Herodes, sumisos al poder romano para defender sus propios intereses. Estaban acomodados; no tenían esperanza mesiánica. Por miedo a perder el poder se alían a los enemigos y en contra de Jesús.
* Saduceos: Se decían descendientes del Sadoc, un sumo sacerdotes en tiempo de David. En el grupo aristocrático, latifundista, al cual pertenecían los Sumos Sacerdotes y tenían el dominio político del Sanedrín. No creen en la resurrección de los muertos, y su esperanza en el Mesías es nula, pues la tenían puesta en sus riquezas materiales. Son oportunistas y conviven con las grandes autoridades romanas y herodianas. También los saduceos atacan a Jesús.
* Escribas: Son los maestros o doctores de la ley. Entre ellos algunos eran sacerdotes, o fariseos o simples laicos o sea, personas del pueblo. Traducían y enseñaban las escrituras. Hacían funcionar las sinagogas con sus escuelas bíblicas. Algunos de ellos estaban ligados a la clase dominante y otros eran más contestarios. Probablemente esperaban como Mesías un gran maestro de la ley. Al ver a Jesús, lo critican y mal juzgan.
* Fariseos: Un grupo formado por unas 6.000 personas que procuraban vivir la ley con rigor, lo cual lo separaba del resto del pueblo. Este grupo comenzó desde el tiempo de la revolución macabea, cuando hombres piadosos se opusieron a la invasión de la cultura griega para defender su fe y sus costumbres. Los fariseos distribuían el día muy ordenadamente: 8 horas de trabajo, 8 de oración y estudio de la ley y 8 horas de descanso. Eran respetados por el pueblo. Su propósito era hacerse justos personalmente, y esto, por su propio esfuerzo personal en cumplir la Ley. Descuidaban la justicia y la misericordia. Esperaban un Mesías que fuese un Rey piadoso que reinara en un Israel sin paganos. Los fariseos acechan a Jesús y se escandalizan de El.
* Esenios: Era un grupo que había pertenecido a los fariseos piadosos. Se separaron de ellos porque eran más radicales en cumplir la ley, sobre todo en su nacionalismo, o sea, que por ser fieles a su pueblo, no aprobaban ciertas alianzas con los romanos o grupos aliados a éstos. Hasta en la muerte querían protestar y por eso, en vez de enterrar a los muertos con la cabeza hacia Jerusalén, los enterraban de modo contrario. Los esenios prefirieron retirarse a vivir en cuevas, una vida monacal de muchísima observancia. Esperaban una ya próxima venida del Mesías como maestro de Justicia y Sacerdote que purificara y ensalzará al Templo.
* Sacerdotes: Eran unos 7.200 organizados en 24 turnos de servicios semanales en el templo. Ahí, en el templo, se hacían tres turnos diarios. Muchos de ellos vivían en el interior de Palestina, en pequeñas aldeas y formaban parte de los sacerdotes pobres. Por ejemplo, Zacarías, papá del Bautista, es uno de ellos. Quizá esperaban un Mesías sacerdote que sentara su poder en el templo.
* Zelotes: grupos de nacionalismo radical y violento. Querían una nación libre e independiente y se oponían a los romanos y a las autoridades que se habían entregado al Imperio. Como hemos visto, varias veces se levantaron y fueron oprimidos. Querían un Mesías guerrero que dirigiera la lucha de liberación nacional.
* Publicanos: Personas que ayudaban a cobrar los impuestos. Por eso eran mal vistos y juzgados como pecadores. Aunque en su mayoría eran como empleados públicos, sin tener una posición alta dentro de la pirámide social.


Jesús y la sociedad de su tiempo

Para conocer mejor a una persona, es conveniente conocer también la tierra donde nació y la organización social, política y religiosa de la sociedad en que vivió.

Así para conocer a Jesús, es necesario estudiar dónde nació y cómo era la sociedad de su época.

Palestina en tiempos de Jesús

Palestina, la tierra donde nació Jesús, era en esa época, una provincia del Imperio Romano. Tras la conquista que fue iniciada por el general Pompeyo en el año 63 a.C. y culminó con la toma de Jerusalén por Tito en el año 70 d.C.. Palestina quedó dividida en siete administraciones: Idumea, Samaria, Judea, Galilea, Traconítida, Decápolis y Perea.

El dominio de Palestina por los Romanos supuso para los palestinos el contraer obligaciones y obtener ciertos beneficios. Obligaciones: Estaban obligados a pagar dos tipos de impuestos a Roma: Impuestos directos, que consistían en pagar una cantidad de dinero en función de las propiedades que poseían. Impuestos indirectos, o porcentajes que debían pagar por las compras o ventas que efectuaban. Los palestinos no podían aplicar sentencias de muerte sin el permiso de Roma, aunque sí podían celebrar juicios.

Beneficios: Los palestinos se beneficiaban de la red de vías de comunicación que Roma construyó. Podían utilizar el sistema de correos que la organización administrativa de Roma creó. Podían utilizar las numerosas obras públicas construidas por los romanos: acueductos, teatros, fuentes,, las cuales mejoraban las condiciones de vida de los palestinos.

Los romanos respetaban la religión judía, sus leyes e instituciones. Les permitían celebrar el sábado (día sagrado) quedar exentos del servicio militar y celebrar juicios civiles y religiosos. Los palestinos vivieron también etapas conflictivas. El hecho de estar sometidos por los romanos, inquietaba a algunas clases sociales judías, que conspiraban constantemente contra las autoridades de Roma. Las tropas invasoras reaccionaban brutalmente contra cualquier intento de rebelión, y llegaron a tener represalias muy duras.

Un ejemplo de esta dureza es la crucifixión de mil judíos en las murallas de Jerusalén por orden del gobernador romano Poncio Pilato.

Organización política

En la administración política de Palestina en tiempos de Jesús, vamos a destacar tres figuras o instituciones relacionadas, de una o de otra forma, con la vida de Jesús: Herodes I el Grande y sus sucesores; el gobernador romano Poncio Pilato y el Sanedrín. Y el emperador de Roma cuando nació Jesús era Octavio Cesar Augusto.

Poncio Pilato: Fue gobernador romano en Judea del año 26 al 37 d. C:, Así pues, bajo su mandato se desarrolló la predicación y muerte de Jesús. Su misión era controlar las siete administraciones de Palestina, nombrar o destituir al sumo sacerdote (título equivalente al presidente del gobierno). Cobrar los impuestos que imponía Roma y autorizar la ejecución de la pena de muerte. Se le describe como un hombre inflexible, arbitrario y despiadado. Ordenó una matanza de galileos en el templo y posteriormente, otra de samaritanos.

El Sanedrín: Era el órgano de gobierno propiamente judío. Su nombre significa "sentarse juntos, consejo".
El Sanedrín era similar a un parlamento. Ejercía el poder Legislativo (elaborar y aprobar las leyes), el judicial (juzgar los delitos contra las leyes), y el ejecutivo (hacer cumplir la ley). Estos poderes estaban limitados por las autoridades romanas. Así, si el Sanedrín, por ejemplo, condenaba a alguien de muerte, no podía aplicarse la sentencia sin la autorización del gobernador romano. Ejercía también de corte suprema religiosa; es decir, fijaba la doctrina religiosa, establecía el calendario litúrgico y regulaba la vida religiosa del país. El Sanedrín estaba compuesto por 71 miembros pertenecientes a tres clases: Los ancianos (senadores o presbíteros) eran casi todos miembros de la aristocracia y hombres de negocios. Los sumos sacerdotes eran, en su mayoría saduceos. Los letrados o maestros de la ley, fariseos en su mayor parte. El presidente del Sanedrín era el sumo sacerdote, una especie de presidente del gobierno. Su función era gobernar el país bajo el control de Roma.

Estructura social y religiosa: Todas las sociedades están organizadas en unas clases sociales determinadas que tienen unas características concretas. También en Palestina, el país de Jesús, existían diferentes clases sociales. Conocerlas nos puede ayudar a comprender la predilección de Jesús hacia las clases sociales más desfavorecidas. Clase alta: Sumos sacerdotes, Jefes romanos, grandes terratenientes, ricos comerciantes, jefes de recaudadores de impuestos. Clase media: Artesanos, recaudadores, maestros de la ley, sacerdotes.
Clase baja: Pueblo (campesinos, pescadores, pastores) enfermos pobres, esclavos, leprosos.

Estructura religiosa de Palestina: En Palestina, la religión tenía gran importancia y estaba muy unida a las cuestiones sociales y políticas. De hecho las autoridades religiosas y políticas eran las mismas. Como señalábamos anteriormente, el máximo órgano político-religioso era el Sanedrín, que tenía poderes religiosos, políticos y judiciales. En la época de Jesús existían diversos grupos religiosos con los que éste se relacionó, dialogó, se enfadó, e incluso denunció. Señalamos los más importantes.

Grupo Rasgos identificadores: Sumos sacerdotes Encarnaban la máxima autoridad: presidentes del Sanedrín y jefes del pueblo. También eran los responsables del Templo y del - --Cumplimiento de la Ley. Eran nombrados por el gobernador romano y pertenecían a las familias más nobles del pueblo.
Sacerdotes: Su misión era la dedicación al culto. Cabe distinguir tres grupos:
Los que pertenecían al grupo social de los saduceos (la aristocracia). Realizaban las funciones de culto en el templo de Jerusalén.
Los sacerdotes rurales, que vivían de algún oficio. Su nivel socioeconómico era bajo.
Los levitas eran los ayudantes de los sacerdotes. Su nivel socioeconómico era el más bajo.
Fariseos: Se cree que su nombre se deriva del arameo perssaya, que significa separados. Recibieron este nombre porque su observancia exagerada de la ley los separaba del pueblo sencillo. Se consideraban los buenos, los cumplidores y por eso no se relacionaban con el pueblo ni con los saduceos. Pertenecían a la clase media (artesanos) y eran para el pueblo, sus guías espirituales, porque los consideraban cultos y sabios. Abundaban entre ellos los maestros de la Ley. Sus ideas se fundamentaban en una estricta fidelidad a la Ley. Jesús se enfrentó muy a menudo con ellos, sobre todo en temas doctrinales. De hecho, este grupo social fue el que más presionó para condenar a muerte a Jesús.
Saduceos: Su nombre se deriva de Sadoc, del que descendían, desde los tiempos de Salomón, los sacerdotes de Jerusalén. Eran de clase social alta y pertenecían a la aristocracia. Tenían grandes propiedades y eran los principales sacerdotes su influencia era muy poderosa. Políticamente colaboraban con los romanos para mantener el poder.
Zelotes: su nombre se deriva de la palabra celo, debido a su celo exagerado por el cumplimiento de la Ley. Podríamos decir que eran fanáticos de la Ley, de situación social baja.
Políticamente estaban en contra de los romanos y fomentaban frecuentes rebeliones y escaramuzas. Se los consideraba alborotadores.
Esenios: Se cree que su nombre significa "los devotos, los silenciosos" Eran una especie de monjes austeros y sacrificados, que vivían en comunidades monásticas en el Qumrán; cerca del Mar Muerto. Rezaban y meditaban sobre las Escrituras, esperando la venida del Mesías. Observaban el sábado religiosamente.

Helenistas: Eran los judíos nacidos fuera de Judea, en las colonias del norte de África y del Mediterráneo oriental. Su lengua era el griego (de ahí el nombre de helenos). En Jerusalén y otras ciudades del país, tenían su sinagoga propia, donde leían la Biblia y rezaban en Griego.

Otros grupos: Los que pertenecían a la escala social más baja; es decir, los pobres y marginados. Los campesinos: Poseían algunas tierras de cultivo, que apenas les proporcionaban lo suficiente para sobrevivir.
Los jornaleros o trabajadores: Por cuenta ajena, en paro muy a menudo. Los pequeños artesanos de aldea: Realizaban diferentes tareas: herreros, carpinteros, albañiles…A este gremio pertenecía José, esposo de María
Las mujeres, los niños, los esclavos no judíos (la mayoría árabes), los pastores asalariados, los pecadores (prostitutas, adúlteras) y los publicanos: Que eran los encargados de recaudar los impuestos. Los mendigos y los enfermos: La falta de alimento y de higiene en las capas más bajas de la sociedad traía como consecuencia que, además de hambrientos, la mayor parte de los mendigos estuviera enferma. Estas enfermedades podían ser físicas: ceguera, lepra….. o psíquicas: afecciones mentales o nerviosas. A causa del desconocimiento de estas enfermedades, los enfermos eran considerados poseídos.

La vida de estas personas era muy dura. Además de su miseria material, la gente los consideraba impuros. Pensaban que si estaban enfermos era porque habían cometido un pecado y Dios les había castigado. Por eso nadie se acercaba a ellos ni dejaban que se acercasen. Por toda esta gente es por la que Jesús sentía una predilección especial, hasta jugarse la vida por ellos.

Instituciones religiosas: La vida religiosa giraba en torno a cuatro instituciones fundamentales: La Ley, el Templo de Jerusalén, la sinagoga y las grandes fiestas.
La Ley: Era la Palabra de Dios, que guiaba la vida de los judíos. Se leía diariamente, pero de forma solemne y más extensa el sábado, día festivo del pueblo de Israel. Los Judíos sentían una veneración especial por la Ley. El templo de Jerusalén: Era uno de los lugares más importantes de Israel. Toda la vida de los Israelitas giraba en torno al Templo. Era el símbolo de la presencia perpetúa de Dios en medio del pueblo. Los judíos de todo el mundo, solos o en grupo acudían a él al menos una vez al año para rezar. En el Templo se enseñaba el contenido de la Biblia y se cantaban los salmos, mientras los sacerdotes ofrecían sacrificios a Dios.

Servía también para repartir dinero y alimento a los pobres. Además de ser casa de oración, era el lugar donde se guardaban los tesoros, tanto de la nación como los particulares. Era el centro de la vida del país: comercio, banco, parlamento, punto de encuentro. No es extraño que, cuando Jesús visitaba Jerusalén, Jesús eligiera el Templo como lugar de predicación, dado que era el punto más concurrido de la ciudad. Y de ahí se puede entender porque Jesús se enfadó con los vendedores del Templo, pues éstos lo habían convertido en un mercado y explotaban a los pobres. Estaba situado en el monte Sión, en lo más alto de Jerusalén. Fue construido por Salomón y destruido por los babilonios en el año 587 a. C., fue reconstruido en el año 515 a.C. tras lo cual volvió a ser destruido varias veces. Herodes I el Grande comenzó a reconstruirlo hacia el año 20 a.C. y se terminó de construir en el año 64 d.C. Seis años más tarde, fue destruido definitivamente por Tito.
En la actualidad se conservan solo las murallas, el Muro de las Lamentaciones, donde los judíos van a rezar.
La Sinagoga: Era el lugar donde se reunían los judíos para rezar. Lo hacían tres veces al día: por la mañana, a primera hora de la tarde y al acabar la jornada. De manera solemne, estas reuniones tenían lugar el sábado. En ellas rezaban la profesión de fe o credo judío; leían el Decálogo y fragmento de la Ley; cantaban los salmos y leían otros textos de la Biblia que eran comentados por los rabinos o estudiosos de la Biblia. La sinagoga también servía de escuela. Los evangelios nos cuentan que, durante su juventud, Jesús frecuentó la sinagoga de Nazaret y Cafarnaúm.

Las fiestas: Las fiestas judías tenían un carácter religioso. Las más importantes son tres: La Pascua, Pentecostés y Tiendas. En ellas, el pueblo se reunía para reforzar su fe.

INDICADORES 4.3. Y 4.4.

4.3 Y 4.4. MATERIAL PARA EL EXAMEN

14.4. II MEDIOEVO
14.4.1 Expansión de la Iglesia por Europa
Un hecho sobresaliente de esta época es la conversión de los pueblos germánicos al cristianismo y su incorporación a la Iglesia Católica, tarea que duró varios siglos. La Iglesia dio a los pueblos germánicos no sólo los bienes sobrenaturales de la salvación eterna, sino también los medios culturales que les llevó a un progreso humano que ni ellos mismos sospechaban.
En esta época hay que situar la conversión al catolicismo de los Frisios, los Sajones, los Bávaros, los Alemanes, los Turingios, los Eslavos y los Normandos.
14.4.2 El Cisma de Oriente
Este cisma, conocido también como cisma griego, separó al Oriente (Balcanes, Asia y Rusia) del Occidente, abriendo un abismo tan profundo entre las dos comunidades que no ha vuelto a cerrarse sino pasajeramente y sin resultado permanente.
El Cisma se fue gestando. Se inició en el siglo IX y se consumó en el siglo XI (1054).
En el año 847, San Ignacio, patriarca de Constantinopla negó públicamente la comunión a César Bardas, que regía el Imperio, por razones de moralidad pública. César destituyó a Ignacio y nombró patriarca a Focio hasta entonces primer ministro. Focio recibió en una semana todas las órdenes hasta la consagración episcopal, con la particularidad de que se las concedió el obispo de Siracusa que había sido excomulgado por Ignacio.

El Papa Nicolás I, por el sínodo de Roma de 863, depuso de sus sedes a Focio y a sus partidarios. Focio pasó al ataque: acusó a los latinos de que usaban pan ácimo (sin levadura) para la consagración, como los judíos; que usaban el Filioque en el Credo; que habían impuesto el celibato a los clérigos y reunió un sínodo en 867 en el que depusieron al Papa por "herético y devastador de la viña del Señor".
Los sucesores de Focio en su sede mantuvieron una fría reserva ante Roma. Miguel Cerulario en 1054 consumó el cisma, haciendo prácticamente las mismas acusaciones hechas por Focio. El Papa San León IX interviene recordando su primacía y enviando tres legados a Constantinopla para que resolvieran todas las dificultades con el patriarca y el emperador. Por no llegar a un acuerdo los legados depositaron sobre el altar de Santa Sofía la sentencia de deposición y excomunión contra Miguel Cerulario (1054).
Días más tarde Miguel Cerulario reúne en Constantinopla un sínodo de obispos orientales, que pronunció a su vez, la excomunión contra el Papa. Esta vez la separación fue definitiva. El ejemplo de Constantinopla fue seguido por otros orientales: servios, búlgaros, rusos y romanos se unieron al cisma y se erigieron, para su desgracia, en iglesias autocéfalas.
El daño causado por este cisma ha sido enorme: no hubo pérdidas numéricas extraordinarias, pero sí se cerró para la Iglesia Católica la posibilidad de extenderse hacia Oriente. En cambio, para los orientales fue una desdicha separarse y han quedado como anquilosados y petrificados.
14.4.3 La Escolástica
Se llama escolástica a la filosofía de la segunda parte de la Edad Medía que, siguiendo un método especial, y tomando generalmente como gula a Aristóteles, se enseñaba en las escuelas episcopales y palatinas (de ahí su nombre, de "schola"). Sus seguidores eran denominados escolásticos; de estas escuelas pasó a las universidades.
La escolástica se caracteriza por un sistema peculiar de exponer la fe y se propone hacer ver cómo entre la razón y la fe, la filosofía y la teología, hay una íntima unión; la filosofía ha de ponerse al servicio ("anci11a", como esclava) de la teología.
El gran esplendor de la escolástica se alcanzó en el siglo XIII, con maestros insignes como San Alberto Magno, San Buenaventura, Alejandro de Hales, Duns Scoto y Santo Tomás de Aquino, sin duda la lumbrera mayor.
Santo Tomás de Aquino por la santidad de vida, la profundidad de su saber y la, precisión de su lenguaje sabe recoger toda la tradición cristiana anterior y elaborar una doctrina sistemática. Sus obras más conocidas son la Suma Teológica y la Suma contra gentiles. La Iglesia ha recomendado innumerables veces la filosofía y la teología de Santo Tomás, desde poco después de su muerte hasta nuestros días, calificándola como la doctrina más segura a seguir.
14.5. III EDAD NUEVA
14.5.1 El Cisma de Occidente
Por diversas circunstancias políticas, los Papas residieron en Aviñón (Francia) durante setenta años (1306-1377). Atendiendo a los ruegos de Santa Catalina de Siena, Gregorio X11 regresó a Roma. Sin embargo, a su muerte en 1378, la Cristiandad se dividió en dos bandos de marcada influencia política. La división duró cuarenta años con un Papa en Roma y otro en Aviñón.
14.5.2 Expansión de la Iglesia en América y Asia
Desde finales del siglo XV con el descubrimiento de América en 1492, el continente americano se abrió para la cristiandad, gracias a la actividad misionera desarrollada por españoles y portugueses. Las Filipinas fueron también evangelizadas lo mismo que la India, China y Japón, pero en estos dos últimos países hubo fuertes persecuciones.
14.5.3 La llamada reforma protestante
Fue forjada principalmente por Martín Lutero y Calvino. Lutero con una vida azarosa, siendo religioso, sacó la falsa conclusión de que la ley de Dios era impracticable y apoyándose en el texto de San Pablo (cfr. Rom. 1, 16-17) afirmó que el hombre se justifica por la sola fe, por la confianza en que seremos salvados, sin necesidad de nuestras buenas obras. Rechazó la Tradición cristiana reduciendo toda la Revelación a la Sagrada Escritura que puede ser interpretada, dice, por cualquiera y no por el Magisterio de la Iglesia. Dice que la Iglesia Romana no es ya la Iglesia de Cristo, se rebela contra el Papa y divide la Iglesia pretendiendo reformarla.
14.5.4 El Cisma de Inglaterra
El rey Enrique VIII (1509-1547) introdujo la falsa reforma y consumó el cisma inglés. Había sido un buen católico e incluso recibido el título de defensor de la fe por un escrito contra Lutero, sin embargo, cuando el Papa Clemente VII se negó en 1527 a declarar la nulidad de su matrimonio con Catalina de Aragón (hija de los Reyes Católicos de España), éste se unió con Ana Bolena e hizo que "el acto de supremacía" fuera votado por el Parlamento por el que se declaraba al rey cabeza de la Iglesia en Inglaterra, consumando así el cisma.
14.6. IV EPOCA MODERNA
14.6.1 El Concilio Vaticano I
Fue convocado por el Papa Pío IX, y se celebró en la Basílica de San Pedro en el Vaticano, por lo que se denominó Concilio Vaticano I (1869-1870). En este Concilio fue definido el dogma de la infalibilidad del Papa: por la especial asistencia del Espíritu Santo, el Vicario de Cristo y sucesor de San Pedro, no puede errar si ejerce su magisterio ex cathedra en lo referente a la fe y a las costumbres.
El Papa Pío IX definió también el dogma de la Inmaculada Concepción (1854).
14.6.2 El Modernismo
El modernismo es una corriente de pensamiento que contiene muchos errores. Los modernistas intentan explicar la religión, sus dogmas y su moral por un sentido o sentimiento religioso que hay en el hombre. El modernismo es el intento de acomodar la fe a las filosofías "modernas" de tipo inmanentista. Los errores modernistas siguen una línea agnóstica, inmanentista y un evolucionismo radical.
El Papa San Pío X, condenó el modernismo repetidas veces, pero de modo especial en la encíclica Pascendi de 1907 verdaderamente providencial por adelantarse y desenmascarar con detalles los errores modernistas, atajándolos con prudentes medidas disciplinares.
14.7. V EPOCA CONTEMPORANEA
14.7.1 El Concilio Vaticano II
Fue convocado por el Papa Juan XXIII en 1962 y clausurado por Pablo VI en 1965. Se propuso actualizar la vida de la Iglesia sin definir ningún dogma. Trató de la Iglesia, la Revelación, la Liturgia, la libertad religiosa, etc. Recordó el Concilio la llamada universal a la santidad.
14.7.2 Llamada universal a la santidad
El Concilio Vaticano II recordó la universal vocación a la santidad de todos en la Iglesia, esto es, que los fieles deben aspirar a vivir la santidad que consiste en la plenitud de vida cristiana y la perfección de la caridad (cfr. Conc. Vaticano II, Const.Lumen Gentium, cap. V). Sin embargo, hay que decir que esta doctrina recordada por el Concilio la venía predicando desde 1928 el siervo de Dios Monseñor Josemarla Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei
"El Opus Dei se propone promover entre personas de todas las clases de la sociedad el deseo de la perfección cristiana en medio del mundo. Es decir, el Opus Dei pretende ayudar a las personas que viven en el mundo -al hombre corriente, al hombre de la calle-, a llevar una vida plenamente cristiana sin modificar su modo normal de vida, ni su trabajo ordinario, ni sus ilusiones y afanes.
Por eso, en frase que escribí hace ya muchos años, se puede decir que el Opus Dei es viejo como el Evangelio y como el Evangelio nuevo. Es recordar a los cristianos las palabras maravillosas que se leen en el Génesis: que Dios creó al hombre para que trabajara. Nos hemos fijado en el ejemplo de Cristo, que pasó la casi totalidad de su vida terrena trabajando como un artesano en una aldea. El trabajo no es sólo uno de los más altos valores humanos y medio con el que los hombres deben contribuir al progreso de la sociedad: es también camino de santificación" (Mons. Josemaría Escrivá de Balaguer, Conversaciones, ERSA, 1985, n. 24).
14.7.3 Juan Pablo II y la "Teología de la liberación"
El 16 de octubre de 1979 es elegido Papa Juan Pablo II. A la fecha son muchas acciones en servicio a la Iglesia que sobresalen. Sus infatigables viajes iniciados con el de México (1979), han removido hondamente al mundo entero.
En 1985 convocó un Sínodo Extraordinario de los Obispos para reflexionar sobre el Concilio Vaticano II, y urgir a los fieles en su conocimiento y aplicación. Sobresale, sin lugar a dudas, su preocupación por desenmascarar una corriente de pensamiento que se denomina Teología de la liberación.
En Agosto de 1984 el Santo Padre Juan Pablo II aprobó una Instrucción de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe que pretende: "atraer la atención de los pastores, de los teólogos y de todos los fieles, sobre las desviaciones y los riesgos de desviación, ruinosos para la fe y para la vida cristiana, que implican ciertas formas de teología de la liberación que recurren, de modo insuficientemente crítico, a conceptos tomados de diversas corrientes del pensamiento marxista".
Se trata, por tanto, de toda una "corriente de pensamiento que, bajo el nombre de 'teología de la liberación' propone una interpretación innovadora del contenido de la fe y de la existencia cristiana que se aparta gravemente de la fe de la Iglesia, aún más, que constituye la negación práctica de la misma".
La llamada "teología de la liberación" asume el análisis marxista de la realidad y sus principios: a) materialismo histórico: que señala que las causas de los acontecimientos históricos son exclusivamente económicas y la historia es la historia de la lucha de clases, y b) la praxis: la verdad no es, sino se hace; lo que importa es la ortopraxis.
Estos principios de corte marxista los aplican a la interpretación del Evangelio y a la práctica pastoral, con lo que logran desfigurar nuestra fe. Para la "Teología de la liberación":
a) Jesucristo: es considerado no como verdadero Dios Encarnado que, con su Muerte y Resurrección, nos ha redimido, sino como un símbolo de la humanidad que lucha por la liberación de los "opresores", y que muere en defensa de los pobres;
b) La Iglesia: debe tomar parte en la lucha de clases pues la "neutralidad" es imposible ya que equivale a estar con los poderosos. De ahí que debe tener una "opción preferencial por los pobres" y constituirse en "Iglesia del pueblo- que nace del pueblo, y que reconoce la jerarquía sacramental que es "clase dominante" y por tanto debe ser combatida (cfr. Puebla, nn. 262-263).
c) La fe es reducida a "fidelidad a la historia"; la esperanza a "confianza en el futuro---; la caridad a la "opción por los pobres".
d) Los sacramentos: son "celebraciones del pueblo que lucha por la liberación": se indoctrina en este sentido al pueblo por medio de homilías, cambios en la liturgia, etc., para que "tomen conciencia de clase" y se les anima a la lucha contra la "clase dominante". Curiosamente, así la Iglesia viene a ser -según estos "teólogos" respecto a los pobres, lo que el partido comunista pretende ser respecto al proletariado.
e) La escatología es sustituida por el "futuro de una sociedad sin clases" como la meta de la liberación en la que se habrá "hecho verdad" el amor cristiano a todos, la fraternidad universal.
Evidentemente se trata de un peligroso cúmulo de errores al ser una completa subversión del cristianismo.
Los errores pueden sintetizarse así:
a) Evangelio para sacar de ahí una praxis: ese principio es el materialismo histórico, que niega la prioridad del ser sobre el hacer, y por tanto, de la verdad y el bien de la acción humana. Este principio es totalmente falso y no es demostrado ni demostrable;
b) la lucha de clases no sólo es un error porque sea contrario a la caridad (puede haber una guerra justa, existe la legítima defensa, etc.), sino que es un error sobre todo porque se le concibe como algo necesario, ineludible y constitutivo de la historia negando la libertad de la persona y su capacidad para dirigir la historia mediante esa libertad y contando con la Providencia divina;
c) además de negar verdades fundamentales (sobre Cristo, la Iglesia, los Sacramentos, etc.), en la práctica, conduce a someter a la Iglesia a una dirección política determinada, no sólo ajena a su misión sobrenatural, sino que desemboca en una situación humana el error radical está en el mismo "principio hermenéutico" con el que se pretende interpretar el deplorable, como es el socialismo real, en el que la persona no cuenta ni se le reconoce su dignidad de hijo de Dios.
Sin embargo, hay que tener en cuenta que, puede darse una verdadera Teología de la liberación, es decir, del pecado y sus consecuencias (no sólo de sus consecuencias materiales).
'Una de las condiciones para el necesario enderezamiento teológico es la recuperación del valor de la enseñanza social de la Iglesia " (. . .) "La enseñanza de la Iglesia en materia social aporta las grandes orientaciones éticas. Pero, para que ella pueda guiar directamente la acción, exige personalidades competentes, tanto desde el punto de vista científico y técnico como en el campo de las ciencias humanas o de la política (. . .) A los laicos, cuya misión propia es construir la sociedad, corresponde aquí el primer puesto" (Instrucción sobre algunos aspectos de la Teología de la Liberación", (Libertatis nuntius, 6-VIII-84, XI, 14).

La Instrucción de VIII-84, "anunciaba la intención de la Congregación de publicar un segundo documento, que pondría en evidencia los principales elementos de la doctrina cristiana sobre la libertad y la fiberación". La Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, publicó con fecha 22-111-86, una segunda Instrucción "Sobre la libertad cristiana y la liberación". "Entre ambos documentos -se lee en el segundo-, existe una relación orgánica. Deben leerse uno a la luz del otro" (n. 2).
La Instrucción de 111-86, se "limita a indicar los principales aspectos teóricos y prácticos" acerca de la libertad y la liberación; conceptos íntimamente relacionados entre sí, que deben entenderse en su justo sentido, pues aquellas "desviaciones y los riesgos de desviación, ruinosos para la fe y para la vida cristiana" siguen vigentes y "lejos de estar superadas, las advertencias hechas parecen cada vez más oportunas y pertinentes" (n. l).
Algunos de los exponentes de la "Teología de la liberación" apoyándose en este documento han pretendido hacer ver que la Iglesia "aprueba" la erronea "Teología de la liberación" que ellos sustentan. Nada más lejos de la verdad. El segundo documento expone el verdadero concepto de la libertad: "la libertad no es la libertad de hacer cualquier cosa, sino que es la libertad para el Bien, en el cual solamente reside la Felicidad. De este modo el Bien es su objetivo. Por consiguiente el hombre se hace libre cuando llega al conocimiento de lo verdadero, y esto -prescindiendo de otras fuerzas- guía su voluntad" (n. 26). Explica, también, la necesidad de una liberación del mal, del pecado.
El documento pone de manifiesto el papel que desde siempre ha hecho la Iglesia para ayudar al hombre: "La Iglesia tiene la firme voluntad de responder a las inquietudes del hombre contemporáneo, sometido a duras opresiones y ansioso de libertad. La gestión política y económica de la sociedad no entra directamente en su misión (cfr. Const. past. Gaudiun et Spes, no. 42, 2). Pero el Señor Jesús le ha confiado la palabra de verdad capaz de iluminar las conciencias. El amor divino, que es su vida, la apremia a hacerse realmente solidaria con todo hombre que sufre. Si sus miembros permanecen fieles a esta misión, el Espíritu Santo, fuente de libertad, habitará en ellos y producirán frutos de justicia y de paz en su ambiente familiar, profesional y social" (n. 6l).
14.7.6 El Cisma de Lefébvre
El 30 de junio de 1988 el Arzobispo Marcel Lefébvre consumó el último Cisma que ha desgarrado la unidad de la Iglesia Católica, al consagrar Obispos sin mandato apostólico a cuatro de sus seguidores en la "Fraternidad Sacerdotal de San Pío X"
"A ningún Obispo -señala el canon 1013- le es lícito conferir la ordenación episcopal sin que conste previamente el mandato pontífico " "El Obispo que confiere a alguien la consagración episcopal sin mandato pontífico, así como el que recibe de él la consagración –añade el canon 1382- incurren en excomunión latae sententia reservada ala Sede Apostólica".
Mons. Lefébvre y quienes le siguen, se declaran guardianes de la fe y de la tradición y rechazan el espíritu del Concilio Vaticano II y las reformas que inspiró. Sostienen que la Iglesia Católica Romana está infectada de modernismo, que hay un falso ecumenismo que se encuentra en el origen de todas las innovaciones del Vaticano II, en la liturgia, en las relaciones nuevas de la Iglesia y del mundo, en la concepción de la Iglesia misma, que conduce a su ruina y a los católicos a la apostasía.
Es evidente que las posturas Lefebvristas no tienen fundamento y que presentan un claro rechazo de la sujeción al Sumo Pontífice y de la comunión con los fíeles de la Iglesia a él sometidos.
Lefébvre ha incurrido -como casi todos los cismáticos y herejes en la "fidelidad a la Iglesia" (a la imagen que él mismo se ha forjado de la Iglesia) y, por tanto, a abandonar la Iglesia que dicen defender.
La Santa sede ha hecho todo lo posible por evitar que se llegase a esta dolorosa situación para toda la Iglesia, luego de muchos años de dramáticos intentos ha prevalecido un correoso atrincheramiento del Obispo rebelde en posiciones incompatibles con la fidelidad a todo el Magisterio de la Iglesia y con la obediencia a la suprema autoridad del Vicario de Cristo.
Días antes de consumarse el cisma, el Papa Juan Pablo II, envió una carta a Mons. Lefébvre. El último párrafo de esa carta es una de tantas muestras dadas por el Papa para evitar el cisma:
"Os invito ardientemente a volver, humildemente a la plena obediencia al Vicario de Cristo. No solamente os invito a ello, sino que os lo pido por las llagas de Cristo, que la víspera de su Pasión pidió por sus discípulos "a fin de que todos sean uno ". A esta petición e invitación uno mi plegaria cotidiana a María Madre de Cristo. Querido hermano, no permitáis que el año dedicado de una manera muy especial a la Madre de Dios traiga una nueva herida a su corazón de Madre. Vaticano, 9 de junio de 1988, Juan Pablo II."